Index . a nutrir paisaje protegido mirando por:

Cap I

Ecología de ecosistemas e hidrología urbana . 20 preguntas

confesiones . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . 14 . 15 . 16 .

Dinámica horizontal en humedales: esteros, bañados, meandros, cordones litorales . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 .

Cap II

Patrimonios en ámbitos rurales, confesiones .

17 . 18 . 19 . 20 . 21 . 22 . 23 . 24 . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 . 30 . 38 . 39 .

El paisaje construído en Al Maitén . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 .

Cap III

Paisajes culturales . 31 . 32 . 33 . 34 . 35 . 36 . 37 .

Cap IV

El timón 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 .

Cap V

Leyes particulares . introito . 0 . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . 14 . 15 . 16 . 17 . 18 . 19 . 20 . 21 . 22 . 23 . 24 . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 . 30 . 31 . 32 . 33 . 34 . 35 . 36 . 37 . 38 . 39 . 40 .

Cap VI

Paisajes interiores

Inmanencias . 1 . 2 . . La viga de cruce . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . . Joaquín Lera . . jubileo . . creación . . intangibles . . Carlos Lohlé . . Guillermo Roux . . César Pelli .

 

Tensiones en tramas discursivas que no reconocen el silencio propio de las identidades, ni la natural licuación espiritual del eidos como idea.

Mis textos en este introito van en itálica. Francisco J. de Amorrortu

Nos dice Martín Lopo

Ingresaremos por los espacios de definición hegemónica de la lengua sin más remedio que pensar que sin haber registro accesible para el habla, es una alternativa pero que además, por otro lado, su lugar de poder no fue desdeñable como modo de creación de categorías. Estas son algunas acercamientos iniciales :

I. PAIS PAISAJE:

Según la Real academia española, hubo un tiempo, prolongado (desde sus inicios formalizados en 1737 hasta la edición de 1832) en el que la que la palabra paisaje, no existía como tal; como la conocemos hoy, sino que significaba otra cosa, existía hasta ese entonces (1832) solo un termino académico para designar a la cosa y a sus representaciones en forma total.

País m. Región reino provincia o territorio. La pintura en que estan pintadas las villas, lugares, fortalezas, casa de campo y campañas. Pintase por lo común en lienzos mas anchos que altos para que comprendiendo mas horizonte se puedan variar mas los objetos.

Paisaje, Pedazo de país en la pintura (REVISAR RAE WEB)

El Paisaje, era solamente un “pedazo de país en la pintura” como idea de parcialidad en otro todo mayor, el país.

Se inicia entonces la historia “oficial “ de este término como idea de recorte, de una fracción de una parcialidad que veremos que con el tiempo pasará a ser el todo, y el objeto en si mismo, más que su representación , su referente para nombrar a la realidad. Es decir, se pasará del País al Paisaje, de la cosa a su nombre.

No dudo que M.L. va demasiado rápido. Ya en breve veremos otros inicios.

Hasta ese momento entonces para el uso correcto de la lengua, el país era el “paisaje”, y el “paisismo” era el “paisajismo”. Estos términos eran acompañados por otras desinencias de la raíz como paisano, paisanaje, y paisaje:

1.m. Extensión de terreno que se ve desde un sitio,

2.m Extensión de terreno considerada en su aspecto artístico.

3.m Pintura o dibujo que representa cierta extensión de terreno.

Sin tener lugar para re-pensar aqui, algunas de las redundancias y superposiciones de esta versión, pensemos en el terreno, por su parte se define hoy

terreno, m. (Del lat. terrenus).

1.adj. Perteneciente o relativo a la tierra.

2.adj. terrenal.

3 m. Sitio o espacio de tierra., casi siempre omitiendo el orden de lo cultural, por lo menos en manera explicita, por ejemplo, pudiendo haberse suplantado la palabra en la definición por territorio, o lugar, que si incorporan la variable desde larga data y relacionándolo sin embargo, con la materialidad natural, geológica de la materia tierra.

 

III. PAISAJE CULTURA TRABAJO.

Mas alla de las representaciones urbano-burguesas acerca de los territorios y sus representaciones, las prácticas de los sujetos que alli habitan fueron transformándolo continuamente y son las conformadoras de los aspectos visuales de los espacios, para no abundar en detalle, pero no restándole lugar, deberíamos realizar el análisis que a nuestro caso compete de los modos de producción que son a su vez modo de producción económico, de territorio, de lugar y de “paisaje (cultural)”, aquellas formas de trabajo del terreno, mediante prácticas que lo transforman, lo organizan material & simbólicamente de manera indisoluble, a lo cual, perceptivamente, sensiblemente, se denomina “paisaje” desde fuera.

La vivencia del productor de territorio sobre su espacio se diferencia fundamentalmente de la representación de lo ajeno que realiza el ojo “visitante”, sobre esos espacios, y eso tambien es paisaje.

 

De las voces paisaje y trabajo en lingüística histórica

Raíz indoeuropea pak-, fijar, atar, asegurar.

Sanscr: pás-: cuerda; avest. pas: juntar; got, fáhan: anglos: fon: agarrar

  1. lat pax, paz, vínculo, acuerdo
  2. lat pango: clavar en tierra, fijar. De aquí: compacto, ensamblar, impacto
  3. lat palus: poste, palo, palenque, palafito. La voz trabajo también viene de esta raíz y estaba relacionado con un cepo de tres palos para torturar. De hecho, la voz original era trebajo.
  4. Con alternancia *pag
  1. lat pagus: aldea, poblado, burgo (linde originalmente marcado con estacas). País (fr. Pays, territorio rural, comarca). Paisaje (fr paysage). Paisano (fr paysan, campesino)
  2. En vasco (lengua no indoeuropea, pero bastante anterior a éstas), la voz paisaje no está relacionada a los postes que marcan o aseguran o atan, sino a la visión. Ikhusgu, vista; ikusgura, curioso; ikusgarri, digno de verse; ikusbide, vista, perspectiva; ikuskarri, visión , espectáculo; ikuska, viéndolo, después de verle; ikhuskatu, reconocer, explorar; ikusketa, revisión; ikisarazi, hacer ver, enseñar; ikuzmen, visión.

Así entonces tenemos para todos los gustos.

Como fr. paysage, habla de lo rural y como vasco ikusgarri habla de lo digno de verse.

Por cierto, la visión del visitante, será todo lo culta que uno quiera imaginar; pero la del que siente el terruño no está en ojos ajenos alcanzar a imaginar.

Y esa visión no responde a un signo, ni a una tríada peirciana, sino a un espíritu. Y más que a un espíritu, a una raíz. Y es aquí donde vamos a la búsqueda de la palabra idea, que como tal eidos en tiempos homéricos significaba pariente (así como en vasco aide: pariente).

Siglo y medio más tarde ya no era pariente, sino parecido. Y ya para el siglo V a.C alcanzaba el sentido de idea, que de una forma u otra a todos hoy nos alcanza.

Todo un proceso de licuación que es parte de la tarea del espíritu para velar las identidades, los marcos parentales, los pujantes "Ellos" tan torpemente interpretados por la sicología, que naturalmente está al servicio del alter, del vínculo que nos trasciende. Y de esta forma, con estas brutas economías, ideas, lenguajes, signos, significantes o como se los quiera llamar, nos facilita la apertura al Amor vincular.

Esa licuación, reitero, responde no a Descartes ni a Pierce, sino al espíritu del vínculo que nos viene a ventilar y manda a las raíces callar. Por eso es tan normal que los discursos de las identidades no lleguen demasiado lejos; aunque los esfuerzos sean inmensos.

Registros desarrollados de estos hospedajes profundos y su armonización, se dan en las huellas del "Zeus genios" en el siglo VIII a.C.

De aquí, los conceptos de filogenia y xenofobia pueden retomar más primigenias connotaciones.

Este xenios no hablaba entonces del alter, del otro, del extranjero; sino del Huésped u Hospedero que hospedamos o rechazamos.

De aquí esa filo-xenia o xeno-fobia; vivencia hospedada o rechazada.

A medida que el Hombre se afirma en existencialidad, este genios pasa a ser el alter, el extraño, el extranjero.

Todo este territorio de vínculos superiores y raíces inferiores, de visibles trascendencias y calladas inmanencias, habilita cruces y tramas discursivas del color que se quiera y no hay existencialismo que los refiera.

Un breve anticipo de estos ámbitos está reflejado en este breve html

Si aceptamos que culturas como la francesa y la anglosajona han visto desaparecer de sus lexicografías la palabra "vivencia"; alemán "Erlebniss", que nada tienen que ver con las traducciones que regalan las voces living experience y experience vecue, pues las vivencias no tienen transporte exterior ( uma em-peiría no es una ex-periencia) y mucho menos su caracter de presente flotante cabe expresarlo como participio pasado; fácil resulta comprender con plumas de ex-sistencialismos el vuelo que alcanzan ideas y faneroscopías.

2. VARIABLES QUE CONSTRUYEN LOS SILENCIOS, DESDE LA TRÍADA PEIRCIANA

Charles Sanders Peirce comenzó a preguntarse, en la Norteamérica de finales del siglo XIX, cómo serían los mecanismos generadores de ideas del ser humano, a esta especialidad la denominó IDEOSCOPÍA o FANEROSCOPÍA.

Concluyó que las ideas serán representaciones que impactan en la mente y a estas representaciones las llamará SIGNOS.

Ahora bien, estos signos se suceden en una mente puesta en situación con una comunidad de mentes y ello implica que no hay un sujeto que interprete los signos, sino una comunidad por donde estos signos circulan.

Con ayuda de todo tipo de analogías: cartesianas y newtonianas. Y la integridad funcionando como un deseo, como una idea; no necesariamente como "comportamiento".

Peirce establecerá que: un signo (o representamen) es algo que representa algo para alguien en algún aspecto o carácter.

Se dirige a alguien, es decir, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o, quizás aun, más desarrollado”...“El signo está en lugar de algo, su Objeto. Representa este objeto no en todos sus aspectos, pero con referencia de una idea que se da en llamar a veces fundamento del representamen (Peirce, 1987 Fragmento Nro.1284. Pág. 244)

El OBJETO peirceano será considerado de dos modos distintos, como OBJETO INMEDIATO y como OBJETO DINÁMICO.

El objeto inmediato es el objeto tal cual es representado por el signo, por un signo particular, en un proceso de semiosis”. (Peirce, op cit)

Un proceso de semiosis que ha perdido de vista hace milenios los trazos primigenios que tallaron nuestras letras. Proceso ignorado, velado, sin misterio alguno, que hoy quedaría resuelto con la tríada peirciana.

El OBJETO INMEDIATO aparece como un efecto de sentido de la relación triádica que se establece entre el REPRESENTAMEN, el INTERPRETANTE y el GROUND.

Alegría alcanzaría Pierce a mis aprecios si en lugar de Ground hablara de Homeland o de Heimat o de Terruño y me confesara en intimidad cómo alcanzaría con la tríada inmediata y/o dinámica a sentirse interpretante y representamen de Homeland; no de Ground, ni de land, sino de Heimat, de terruño y a expresarlo con aptitud emocional e integradora. Sabemos que el tema es complejo, pero los comportamientos suelen alcanzar traducciones muy simples en trabajos duraderos, antes de expresarse con palabras.

Imagino que a estas materias tal vez aporten aprecio estos textos de un viejo expediente provincial y municipal de l983:

Apuntes para equipar el lugar

Días atrás un urbanista expresaba su necesidad de diferenciar "espacio" y "lugar".

Al primero le adjudicaba su condición concreta y física. Al segundo, aunque tantas veces oculto, su condición afectiva, profundamente lúdica, donde trabajar o jugar con el mismo franco ánimo de un niño.

No siempre encontramos el espacio para estos sueños, pero el lugar oculto, el "u-topos", su utopía, ya está presente en ellos.

Algún día puede aparecer el espacio concreto. Y por supuesto lo que se haga en él será pertenencia, no de la razón, más que de los afectos del corazón.

El lugar es así un espacio que la vida misma va preparando, imperceptible.

Es por ello, que nos resulta difícil alejarnos de la misma discreción con que la vida actúa.

Más allá de un presumible esbozo de las necesidades preliminares, todo espacio por pequeño que sea, está llamado a llenar con su "humus", los reclamos íntimos que cada uno tiene de un lugar.

Incorporar la expresión "humus", puede no sólo comenzar a llenar desde ahora la desnuda condición de un espacio, sino revelarnos algo del respeto y la humildad, con que ese espacio nos ha esperado hasta descubrirlo. Y el velo de un espacio está años corriéndose, develándose.

Ningún proyecto, por complejo que sea, puede con sus líneas y palabras agotarlo; sólo puede advertirlo, prevenirlo; y desde su estanciada comunión, facilitarnos perspectiva de la acción, que un día nos permitirá, ajustar y ejercitar nuestros instrumentos.

Todavía será necesario integrar nuestra sinceridad; verificar nuestro ánimo para la inversión: en el trabajo; en las viejas y en las nuevas relaciones, a través de las cuales se nos asiste y se nos hace sensibles para entrar en pertenencia, no ya de este "lugar" o aquel "espacio", sino de un "terruño", al que un día sentimos desde siempre nuestro.

Así podemos, respecto del equipamiento común y comunitario darnos a sospechar: si hablamos de un "espacio"; si estamos en un "lugar"; o si sentimos pertenecer a él como "terruño".

Y de ahí, de esa sospecha, pueden surgir distintos modos de acción.
Quien habla de un "espacio" comienza a diseñarlo.

Quien habla de un "lugar" comienza a suspirar. No sabe aún cuánto esfuerzo le demandará, pero ya descansa, y de alguna forma se comunica con él. Y al estar en aquel "espacio" calificado de un "lugar", ya trabaja e instaura.

Pero quien pertenece a un "terruño" hace todo eso y además, con su sólo comportamiento, espontáneamente "restaura".

Volvamos a M.L.

En cuanto al OBJETO DINÁMICO Pierce permite considerarlo de dos modos diferentes, ya sea como el objeto en si, como referente, una entidad ajena al conocimiento y a la que sólo se podría aludir o representar mediante signos; o bien se lo puede considerar como la suma de las representaciones presentas pasadas y futuras, siendo cada representación una parcialidad del objeto dinámico. La suma de todas estas parcialidades daría como resultado el interpretante lógico final.

Ahora bien: ¿el OBJETO representado, los elementos que se han tomado en cuenta para establecer la relación signo, objeto e interpretante, son efectivamente la totalidad objeto?

Evidentemente no: muchas características han sido eliminadas, podríamos decir también ocultadas o destruidas, hablaremos de ello más adelante.

El INTERPRETANTE que forma parte de esta particular relación triádica, Pierce lo denomina INTERPRETANTE LÓGICO FINAL.

Pierce no resuelve esta cuestión, aunque sí deja sentado que en el interpretante lógico final este objeto expuesto en su totalidad no es una posibilidad cierta, es inalcanzable y sólo atendible dentro de un sistema abstracto de circulación de los signos. Aunque sí considera que en una sociedad existen émulos de este elemento al que llamará VERDAD PÚBLICA, como interpretación dominante.

Ella será aquella certeza que se tiene sobre las cosas y que resulta indiscutible para un espacio y momento cultural determinado.

Así el PATRIMONIO PRESENTE O CONSTRUIDO”, comprendido como una materia significante investida de sentido, la construcción del recurso cultural cualquiera sea, edificios, relatos, sistemas económicos, relaciones parentales, esculturas, canciones, platos de cocina, etc. descansa sobre el objeto representado, el SIGNO o GROUND que ilumina el OBJETO de un modo en particular y el INTERPRETANTE vigente para el caso en cuestión.

Operar sobre el sentido del recurso implicaría hacerlo sobre estos tres componentes a la vez, cabe recordar que estas operaciones no implican una taxonomía, o sea que cada una de ellas puede considerarse como afectando uno de los componentes de la tríada pero ello no significa que no afecte en alguna medida al resto, vale decir que cualquier clasificación que se realice resulta aplicable solo a los efectos de lograr una comprensión acerca del funcionamiento del signo tal como aquí es relatado.

Sigue el proemio de una conferencia de Martín Lopo en el País Vasco:

Lo repetiremos: el paisaje somos nosotros; el paisaje de nuestro espíritu, sus melancolías, sus placideces, sus anhelos, sus tártagos. Un estético moderno ha sostenido que el paisaje no existe hasta que el artista lo lleva a la pintura o las letras. Solo entonces – cuando esta creado en el arte - comenzamos a ver el paisaje en la realidad. Lo que en la realidad vemos es entonces es lo que el artista ha creado como su numen.

¡Vasconia, dulce país de Vasconia, tierra de cielos bajos y de neblinas como cendales que se van desgarrando por las laderas! ¿Cómo vemos los paisajes de esta tierra arcaica y sosegada? (Azorin, 1941)

Sigue Martín Lopo:

El “campo”, evidentemente no es lo “rural”, sino ahora un conglomerado complejo tecno-industrial y corporativo, vinculado si aún afectivamente a la esencia de lo establecido para construcción de la identidad nacional; el llamado “gobierno”, atacando contra esta capacidad instalada constitutiva de lo nacional tiene un ardua y difícil, por no decir absurda tarea, más aun enfocando el problema político desde los parámetros de la lógica binaria y confrontativa estrictas.

Retomando este lugar central del imaginario nacional agropecuario hegemónico, se juega una disputa “en falsete” que da un lugar muy peculiar a esta relacion dramatizada mediante el uso del paisaje, de donde proviene el recurso que produce la disputa (ya como nombre del actor confrontado) y el permanente resonar del nombre de esta facción -y sus adherentes, con una posición aventajada.

Trataremos de proponer algunas formas de pensar este rol de los territorios en evolución en estos escenarios de acelerado cambio para pensar las formas de continuidad y dialogo posibles -o no- entre memoria/historia//olvido, paisaje-territorio e identidad como formas de interpretar y optimizar la acción y la gestion político-territorial.

El rol central que juegan un espacio y un paisaje en esta disputa reactivando el lugar del campo abren muchas puertas para pensar las problemáticas centrales de nuestro proyecto, que se basa en localizar las formas en las que aparecen, se construyen y se mantienen, los silencios y silenciamientos, (Lopo, 2009) en la gestión territorial del espacio material y simbólico de la Pampa Argentina en pro de sostener una legitimidad, también inadecuada a la necesaria sustentabilidad a largo plazo.

Entendemos que estos silencios y aquellos actores silenciados, eventualmente, podrían brindar claves para pensar nuevas formas de entender los mecanismos participativos a partir de otros parámetros, y no solo de “lo dicho” o de lo “inscripto”, que es, a nuestro criterio, aquello que solo refleja la capacidad de gestión de ciertos actores para la toma de la palabra, y poco tiene que ver con las posibilidades de encontrar la lógica “del otro”, o brindarle otro lugar en la construccion de los consensos, que no sea el de “rémora”, o “conflicto”, o en su mejor papel “cliente”.

En cuanto a lo estrictamente más “territorial”, si bien hay procesos de des-población de las áreas rurales, los centros intermedios y los poblados pueden aparecen como alternativas a la congestión y decadencia de las grandes urbes latinoamericanas; en este sentido muchos diagnósticos coinciden en proponer esta alternativa, pero las lógicas centralizadoras y redistribuidoras surgidas al amparo y a la luz de los pensamientos de otras épocas parecen no poder incorporar esta novedad.

Si bien no sabemos cuál es el futuro escenario: Desierto verde y red de pueblos rentistas o conglomeración urbana creciente con sus redes mediatizando tele-trabajo, u otros escenarios intermedios que podamos imaginar, no podemos de ninguna manera pensar en seguir sosteniéndolos como escenarios dicotómicos entre rural y urbano, como fenómenos separados o separables.

Si podemos seguir preguntándonos qué valor tiene la tierra, como bien escaso, o lo territorial como trama social activa, y la cercanía o lejanía a lo terreno en este escenario de la circulación de imágenes y consumos diversificados.

Parece que podríamos decir, que hoy la tierra no la trabaja ni la “posee” nadie es un valor en el mercado, al cual se accede mediante diversos mecanismos y tecnificaciones que hacen del contacto con ella un evento cada vez más lejano para mas y mayores segmentos de la población, pero que e una u otra manera siguen dependiendo de ella de una manera mucho mas compleja de enunciar. Asi lo demuestran los indicadores regionales en las que se reducen la cantidad de unidad productivas y se aumenta el tamaño de sus unidades

La apropiación de las formas y estéticas de la estrategia de la violencia del sub-alterno aparece como otra maniobra semiótica mas que sigue enrareciendo las formas de interpretación de esto que hemos dado en llamar géneros complejos por no llamarlos (confusos)” (Geertz, 1980) en donde la circulación y apropiación de imaginarios y formas culturales de diversa procedencia, posicionan el fenómeno en una red casi indescifrable de acciones, tan desvinculadas las condiciones materiales de sus actores, que producen casi “una realidad aparte”, pero que tanto efecto tiene en la economía y la política “reales” -en el sentido lacaniano-.

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3. SEMIÓSFERA: CENTROS Y PERIFERIAS

Nos permitimos introducir las nociones de la SEMIÓSFERA de Lury Lotman para pensar los problemas de la VOZ LOCAL, su atravesamiento por el discurso nacionalista hegemónico, es decir, por los consensos fijados en lugares (comunes) de memoria o de historia en pos de la construcción de la COMUNIDAD IMAGINADA -propia del S XIX- como reconocimiento establecido, y desentrañar algunas de las cuestiones para la gestión territorial participativa, y ver la producción de su interpretante hegemónico de base asimétrica.

En este sentido la discusión entre el modelo de HIBRIDACIÓN y el de APROPIACIÓN, también constituye una clara disyuntiva en las ciencias sociales. Para esta última interpretación, los aportes de los subalternos son significados como pérdida de capital cultural, integrados o apropiados, y redistribuidos por los sectores que resultan vencedores en la lucha y determinan la forma del relato en ese proceso del también llamado, por la primera interpretación, MESTIZAJE, de MEZCLA, de HIBRIDACIÓN.

Desde una perspectiva semiótica éstas áreas de contacto (fronteras, bordes, LIMINALIDADES) entre centros y periferias, son interpretadas como propulsoras de cambios importantes.

 

Paisaje y Gestion cultural

La relación entre Arte (s) y paisaje(s) es de larga data, casi podríamos decir que se han construido mutuamente y la mirada del arte ha determinado y construido nuestra categoría de percepción del paisaje, la mayor parte de las veces desde la mirada hegemónico- burguesa, en lo que respecta a las ultimas tiempos y producciones.

Advertimos, sin embargo, que alli mismo donde radica el problema puede radicar la solución para algunos casos, la misma mirada del arte, pero entendido en clave contemporánea, puede convertirse en herramienta para poder desandar caminos que han determinado la mirada haciendo foco en la “estética”y dejando algunas cuestiones mas “éticas” de lado.

Estas determinaciones exploradas en profundidad para el caso Ingles por Raymond Williams, pueden encontrar su espacio análogo en cualquier paisaje que se aborde potencialmente.

El espacio pampeano, en Argentina, no escasea en cuanto a determinaciones en su representaciones de diversos mecanismos de la dinámica de la cultura y el Estado que lo han construido y reconstruido moldeándolo a las necesidades de representación del momento.

Con este breve introito que prepara la osamenta espiritual para valorar estos discursos -contracaras políticas de nuestras poetizaciones-, siempre marchando en círculos viciosos o virtuosos de acuerdo al cristal con que se mire, avanzamos a este otro desarrollo de Martín Lopo, calificado representante de foros evaluadores.

Menos mal que nuestra tarea no estuvo guiada por estos Virgilios. Sin embargo, estos ricos discursos de Martín Lopo bien cabe imaginarlos presentes apoyando nuestros futuros compromisos de integración.

Ese apoyo mimético no conforma intervención de Autoría de un “investigador; sino fenómeno mimético que comparte tardíamente el equilibrio del relato, con el de lo obrado. Distintas esferas donde el espíritu hace cáliz.

Los “paisajes (culturales)” como potenciales integradores del patrimonio fragmentado

Otro aporte para las clasificaciones desde una mirada socio-territorial (nada apocalíptica)

Martín Lopo. Arquitecto, Tesista en la Licenciatura en Cs. Antropológicas (FFyL-UBA), Investigador CIHaM-FADU-UBA, director proyecto SI-PUR 04 “Memoria y olvido en la construcción de territorios-patrimonio”, investigador en Proyecto UBACYT A004 "Gestión de recursos culturales". El caso Tornquist”, Miembro de la Red ALFA “Gestión de recursos culturales como base de desarrollo local” (2003-2006), Consultor invitado para Administración de Parques Nacionales en relación a la gestión de recursos culturales construidos. Miembro de la Red Forum UNESCO, Universidad y patrimonio.

Ha realizado estudios en las áreas de afines al Urbanismo y la Gestion de Recursos Culturales y el Patrimonio; trabaja fundamentalmente sobre temas tales como las Representaciones sobre la relación Naturaleza/Cultura, o la Relación Memoria/Historia en el campo del patrimonio en su escala territorial o el llamado "Paisaje (cultural) para dar cuenta de los mecanismos peculiares del "tomar la palabra" que pueden suceder en las formas de Planificación Participativa y en la construcción de los relatos sobre el pasado que constituyen los principios de selectividad patrimonial. Ha realizado también tareas de documentalista desde la Antropología Visual.

Las temáticas de interés y confluencia entre ambas formaciones siempre rondaron en torno a los procesos de significación e interpretación culturales, que van desde la conciencia de la significación en los lenguajes formales y no formales de la arquitectura, hasta la producción de sentido para la imagen corporativa en la practica proyectual comercial, o desde la el relevamiento de sentidos en análisis etnográfico hasta la producción de explicaciones e interpretaciones antropológicas y sobre la imagen como metodología de comunicación

 

Una revisión a los borradores de la “Ename project 974” que dio lugar finalmente a las versiones preliminares de la Carta de Ename, consideradas por la división ICIP (International Scientific Committee on Interpretation and Presentation of Cultural Heritage Sites) del ICOMOS.

http://www.enamecharter.org/downloads.html

En la carta de Ename “Charter on the Interpretation of Cultural Heritage Sites” desde los primeros borradores producidos en 2002 (“fruto de un trabajo desde 1980”), hasta los actuales borradores de marzo de 2007, nos dan cuenta de un progresivo corrimiento de las formas de entender y relatar el patrimonio, que en un lapso muy corto ha permitido una ampliación del criterio hacia una mayor inclusividad y complejidad.

En relación con ésto podemos señalar claramente las diferencias entre ambos borradores extremos por algunos rasgos que implican una referencia a un contexto intelectual en cambio y construcción de nuevos consensos, desde la idea actual (versión 2007) que especifica que “every act of heritage conservation... Is by it’s nature a communicative act”... “what to preserve, how to preserve, and how it will be presented to the public are all elements of site interpretation...”.

Se parte una serie de enunciados que no llegan a incluir tan claramente este espíritu, por ahora y hasta ahora, pero muestran sustanciales cambios con relación a las versiones anteriores. En ese sentido, el proceso establecido en relación con la construcción de un sitio patrimonial con un enfoque holístico, se presenta muy claramente en el proceso de la Carta de Burra, (ICOMOS Australia 1999) en donde se asigna un rol fundamental a las formulaciones de selectividad y a las políticas de intervención que constituyen a un sitio en patrimonio, en ese caso, puesto en relación con las demandas de comunidades aborígenes australianas aún en uso de esos espacios para su reproducción social. El único punto que parece ser, según el título, que construye un modelo “para sitios con significación religiosa”.

A nuestro criterio, el extender el proceso de la Carta de Burra a cualquier tipo de sitio y el ampliar los valores y significaciones a cualquier tipo de valores no sólo religiosos, sería un procedimiento efectivo para realizar alguna reflexión sobre la práctica patrimonial y además podría proveer una base concreta para el ajuste de la carta de Ename.

A pesar de los muchos enunciados formales3 que se han integrado a las declaraciones en los últimos tiempos de las instituciones internacionales especializadas, la inercia de las prácticas en este campo han instalado en su trayectoria, aún muy por fuera de ellas, permanencia de modelos de apreciación sobre lo pasado, que quizás se hallan ligados a la vinculación de las elecciones afectivas, “por el pasado” que hacen sus gestores.

Quizás tiene que ver con el tiempo en que se construye el saber técnico en la materia (relacionado con las temporalidades del deterioro histórico-ambiental) implican una expertise a lograr luego de progresivas experiencias, que refuerzan la noción de especialistas, pero que siempre permanecen “lentas” en lo que al cambio respecta.

Consideramos, igualmente según Marie Therese Albert4, que las instituciones “gigantes” (huge institutions) logran primero visibilizar los procesos “ya ocurridos” (y consensuados) fruto del trabajo pasado y que, también al interior de las mismas, los cambios deben luchar con lo establecido. El equilibrio entre lo “políticamente correcto” (discursivo) y las prácticas aún tiene un largo camino por recorrer para encontrar, al menos, un punto de inflexión en las prácticas de las que se constituye como modelo.

Debemos señalar y entender que estos esfuerzos pueden, sin embargo, formar parte de un grado más de elaboración, por ejemplo, analizando la instrumentalización de la diversidad y pluralidad como un nuevo modo de construcción “políticamente correcta”, de un multiculturalismo “de los incluidos”, en el marco de las construcciones figurativas de la identidad global, descargada, también de conflictividad, como veremos a posteriori

 

4. El paisaje en las formas de gestión patrimonial: entre la historia y memoria

En relación con el lugar que el patrimonio tiene con respecto a la creación y mantenimiento de “identidad” como anclaje para la construcción de comunidades, debemos relacionar las dimensiones de la historia y la memoria como dos formas complementarias de este proceso, que deberíamos pensar, se rebalancearían en el movimiento descripto hacia un nuevo paradigma en la gestión inclusiva de los recursos culturales, por la maduración e incorporación de algunas conceptualizaciones, al pasar de potencia a acciones, de lo particular a lo general.

Las posibilidades del paisaje para poner vínculo a esta relación, entre la pluralidad de la memoria, relativizando y acotando el lugar de la historia “oficial” y sus mitos cohesivos, pueden dejar lugar a otras formas para que el diálogo sea más productivo, balance aún, muy polarizado, demasiado para historia y poco para la memoria, demasiado para el producto y poco al proceso.

Los mitos cohesivos en el paradigma nacionalista y en el paradigma multicultural light de lo “global”

En este sentido entendemos que la gestión de paisajes culturales en los marcos tradicionales que se viene moviendo, aún inserta o llevando a cabo los intereses de las condiciones de producción que le dieron origen, en el lugar que les fue asignado para la producción de las COMUNIDADES IMAGINADAS (Anderson 2000 [1993]).

No debemos dejar de considerar que la construcción de mitos cohesivos, instrumentados en la construcción de las “naciones” (y los nacionalismos) desde mediados del S. XIX, se han basado en ir aglutinando, en un centro muy cristalizado en el centro de una SEMIOSFERA -en términos de Lotman (1985) las voces legitimadas de los estados nacientes con relación a un tiguo régimen, con la progresiva inclusión, por adscripción, por negociación y por sometimiento del resto de los sentidos (y sus portadores), pero que son hoy también otra dimensión casi omnipresente en el relato de las actualidades sociales latinoamericanas, que tiñen toda posible interpretación del pasado.

Consideramos asimismo que en este “contrato forzado”, puede ser que radiquen algunos de los conflictos que se empeñan en retornar a la hora de establecer consensos y proyectos nacionales en la actualidad. Una revisión de esta capa de sentidos que eventualmente consideramos obturaría un desarrollo dinámico del conjunto social (y de interpretaciones), puede ser una propuesta interesante para la gestión del patrimonio y para la gestión de muchas otras dimensiones del proyecto social.

Hoy, Estados de diversas posturas políticas, incluso se ven implicados en la construcción de estas nuevas y reinterpretadas comunidades imaginadas mediante diversas formas de administración de este problema. Si bien es cierto que una de las funciones del Estado es la de establecer la generación de un proyecto común, también es cierto que esta dimensión del problema de la ecuación un estado = una nación, ha sido exacerbado ya en el S. XIX, y hemos vivido sus consecuencias extremas y creemos momento oportuno el tratar de movernos hacia otra dimensión -incluso en los pliegues de la globalización si fuera posible-.

En el contexto de producción de multi-culturalidad actualmente se ha comenzado -demandados también por el auge del turismo entre otras industrias- a trabajar crecientemente en la nominación y gestión de territorios desde esta idea dentro de un nuevo ciclo de parámetros de construcción de identidades, acaso no tan diferente del anterior. En el espacio semiótico de la globalización – o el capitalismo tardío- o como se la prefiera llamar- , la recuperación de las diversidades ahora nos empuja a promover las diferencias y establecer pluralidades.

Para ello, la construcción de unos nuevos mitos cohesivos “globales”, parece apuntar hacia una simplificación de las complejidades culturales y por sobre todo de sus relaciones, y a construir una nueva clave de armonías, meta-nacionales, olvidando justamente la historia y la dinámica de esta construcción intercultural y obturando la posibilidad de una crítica o del establecimiento de una nueva lógica de relación entre estas partes implicadas, obligadas a un pax (des-)armada –sólo para los invitados e incluidos- a partir de esta nueva forma, casi estética, del llamado “multiculturalismo”.

La re-producción de imágenes estereotipadas y la re-construcción de paisajes y ciudades-producto (para el mercado) promueve identidades cosificadas; estereotipos del pasado para el presente que son parte, nuevamente, de este segundo retorno a la creación de falaces armonías y cristalizaciones, ahora productivas para la el consumo masivo .

En el capitalismo tardío, el des-conflicto y la des-territorialización no sólo implican una simplificación de las pluralidades ya “diferenciadas” en la primera constitución de los nacionalismos, sino, y por sobre todo, de las nuevas pluralidades implicadas en la complejidad de la dinámica de inclusión y exclusión de nuevos sectores que no encuadran en las viejas categorías de interpretación identitaria.

Hoy en día, la segunda fase de las exclusiones, quizás no pasa por la lisa y llana exclusión de una u otra identidad cultural ya “respetada/ble”, sino por la inclusión o la exclusión del sistema económico cultural de una gran masa de la población, atravesada por múltiples identidades (y que se halla permanente manipulando a las mismas en pos de un lugar en el proyecto nacional) independientemente de su etnicidad.

La construcción del respeto por las diversidades de las parcialidades culturales reconocidas, se amplía ahora con la creación de otro tipo de excluidos, aquellos sectores subalternos producto de la “hibridación” (en debate por su lugar en la contienda), que no logran ser “cosificados” culturalmente.

Las otredades no-consideradas, amplios sectores de la población latinoamericana, ahora son excluidas en los discursos, sustentado esto por muchos discursos puristas -patrimonialistas- en tanto tampoco expresan los discursos de pureza de los nacionalismos ya reconocidos y en base a los cuales algunos sectores, han definido incluso, los criterios de lo popular o lo Folk.

El modelo global del Disney Total -si se nos permite la publicidad- donde la imagen debe ser armónica (como en el canon del arte clásico) y los relatos “consensuados” (a partir de los nacionalismos y los silencios impuestos), debe y no puede -a nuestro criterio- sincronizarse con las nuevas diversidades excluidas: aquellas que presentan conflicto en relación con la imagen de pureza que pretende relatar el patrimonio, para acercarse, mínimamente, desde los márgenes a una gestión que apunte a un desarrollo social sustentable.

En este sentido, y como eje central de este trabajo, el entender que no hay una dicotomía entre Objeto e Interpretación y menos entre objetos materiales e inmateriales y que el conjunto de interpretaciones es lo que hacen al objeto, que lo construye como tal, en el marco de la formación de relatos identitarios plurales, nos permite resumir, aclarar el rol y la potencia que implica la manipulación de los territorios y la diferencia que hace la confrontación de los mismos, construyéndolos a partir de la selección y confrontación de sus voces locales con el discurso de la gestión de identidad y su posicionamiento con piezas claves para ese proceso, con relación a un contexto social, mucho mayor que lo local.

Entre los aportes desde la historiografía critico-reflexiva y encontramos desarrollos comolos conceptos de LUGARES DE MEMORIA, según Nora (1992), o el DE MARCOS DE MEMORIA, de Halbwachs (1980), junto con las ideas DE MEMORIA/HISTORIA Y MEMORIA/OLVIDO en Ricoeur y Todorov respectivamente, para pensar la contra cara de aquello “dicho” o “recordado” con miras a entender la construcción de una historia nacional que implica una utilización de estos ámbitos “patrimoniales”; consideramos que estos análisis pueden ayudarnos a pensar estos temas de otra manera.

Como mencionáramos, este problema, en una de sus dimensiones, es abordado por Pierre Nora, en su trabajo Los “Lugares de la memoria” (1992), en el que nos advierte al inicio:

There are “LIEUXDE MÉMOIRE”, sites of memory because there are no longer “MILIEUX DE MEMOIRE”, real environments of memory (Nora, 1992)

Una vez asumido esto como pérdida –acaso construida la idea de MEDIO DE MEMORIA como mito- nos queda la posibilidad de pensar otras formas a partir de la idea de LUGARES DE MEMORIA, o lo que según Nora, nos queda como posibilidad si abordándolo de manera compleja. Es justamente aquí donde radica –a nuestro criterio- algo de la potencialidad de la idea de paisaje (cultural).

El transformar espacios, en territorios en donde las prácticas inclusivas y la pluralidad de representaciones aparezcan como constitutivas y necesarias para su supervivencia, las que por sus cualidades de CONSTRUCTO COLECTIVO, por las dinámicas de sus procesos en permanente evolución y por la libertad relativa para constituirse en ámbitos de pluri-significación -en tanto espacio de encuentro de valoraciones subjetivas en la dimensión “Inmaterial” de diferentes actores-, los posiciona ventajosamente sobre otras muchas otras formas patrimoniales, como forma para la producción y construcción de una memoria y como anclajes materiales de referencia para la reproducción social a partir de relatos compartidos (y eventualmente discutidos) sobre un pasado, que podrían permitir la posibilidad de salir de los circuitos de la cosificación a la que son -de una forma u otra- sometidas muchas formas de patrimonio más ligados a los criterios de la historia considerada como el relato hegemónico.

La necesaria continuidad de la construcción humana en relación con la naturaleza transformada, se ve solicitada de mantenimiento por un proceso de producción comunitario, que implica la gestión de intereses múltiples y múltiples representaciones, valoraciones y sentidos; en principio para construirlo, luego para sustentarlo y reproducirlo, y además, para entenderlo y posibilitar su futuro y su evolución.

Un territorio paisaje (cultural) implica, para su gestión, la puesta en tensión de las imágenes locales con las no-locales y las fuerzas productivas con las de la gestión; confiamos en la potencialidad de esta complejidad para generar el medio adecuado para una MEMORIA en tanto discurso opuesto a la construcción de una HISTORIA monolítica, simplificada y estereotipada. Una mirada que aparece en los términos de Nora como la relación de las dos formas de constituir sentido sobre el pasado para las comunidades:

“Memory and history, far from being synonymous, appear now to be in fundamental opposition. Memory is life, born by living societies founded in its name. It remains in permanent evolution, open to the dialectic of remembering and forgetting, unconscious of it’s successive deformations, vulnerable to manipulation and approrpiation, susceptible of being long dormant and periodically revived.

History, on the other hand, is the reconstruction, always problematical, incomplete, of what it is no longer; history is a representation of the past (Nora 1992)

Estas dimensiones, sobre las cuales la problematización podría abrir muchas más discusiones y oportunidades, (por ejemplo, en términos de Ricoeur -con la pregunta acerca de si la Memoria es remedio o veneno-) implican un pensamiento que a los fines de este trabajo, podremos limitar a hacernos reflexionar sobre dos formas diferentes de construcción de patrimonio.

Por un lado, el trabajo intelectual, secular, lógico y racional que pretende el discurso de la ciencia positiva y el paradigma instalado para su régimen de verdad, manipulado por especialistas, con una fundamental asimetría en la posesión de conocimiento que deriva en verdad, representado por las pretensiones de las ciencias duras como modelo de gestión.

Por el otro lado, el trabajo complejo de la gestión para la memoria en el que encontramos las dinámicas sociales propiamente dichas que nos interesan en este trabajo para la reproducción social mediante un uso social del patrimonio y una manipulación del capital simbólico de una comunidad con relación a sí misma, a su pasado y a su territorio, que, en permanente negociación, es aquello que nos interesa incluir como parte fundamental y potencia del objeto patrimonial sobre todo a escala territorial.

Pero en los territorios - paisajes (culturales) las decisiones basadas en “VOLUNTAD DE RECORDAR”(WILL TO REMEMBER) (Nora, 1992) (de preservar, de incluir formas de discurso) deben establecer alguna forma de selectividad consensuada en las comunidades para generar la dinámica de la creación de memoria, paisaje plural.

Así estos espacios con legitimación social pueden transformarse en lugares en donde conviven memoria e historia por la posibilidad de entenderlos a su vez como estáticos y dinámicos, individuales y colectivos, “como una como cinta de moebius” (Nora, 1992).

Contrary to historical objects, however, LIEUX DE MÉMOIRE, have no referent in reality, or rather they are they are own referent, pure exclusive self referential signs, This is not to say that are without them, physical presence or history; it is to suggest what they makes LIEUX DE MÉMOIRE is precisely that by which they escape from history. In this sense, the LIEU DE MÉMOIRE is double: a site of excess closed upon it self, concentrated in its own name, but also forever open to the full range of its possible significations. (Nora 1992)

La dimensión significativa no tiene que ver con su complejidad como objetos materiales, sino con el sistema de significaciones circulando, que es lo que los constituye como riqueza y potencial.

En este sentido, la VOLUNTAD DE RECORDAR establece otros problemas que tienen que ver con la gestión de los consensos para esa memoria y aquí es donde se hace difícil poder entender algunas de las diferencias entre las gestiones inclusivas y las excluyentes. el concepto de los MARCOS DE LA MEMORIA desarrollado en Halbwachs (1980) justamente con la articulación de los discursos, subjetividades y la concreción de la relación entre las memorias individuales y la colectiva, construyendo la legitimación de sentidos que se ejerce necesariamente para la construcción de un consenso proyecto histórico y un posible proyecto destino común.

Así, según el autor, salvando la idea de la creación de una memoria colectiva cosificada, -como entelequia exterior a las memorias individuales-, podemos rescatar una memoria que, procesando individualmente según marcos perceptivos culturalmente instalados, actúa en la trama social y viceversa, generando la posibilidad de una memoria compartida y, por sobre todo, un MARCOS DE LA MEMORIA-esquema perceptivo interpretativo que nos define como sujetos sociales en la cultura, a través de la cultura –y la lengua-, por lo menos, que también construye nuestras formas de percibir y recordar).

Rescatando la dinámica entre la construcción de mitos cohesivos y comunidades imaginadas que mencionáramos anteriormente, y la sucesiva necesidad de ajuste sobre la interpretación del propio pasado que la memoria realiza, entendemos que la (necesaria) tendencia a la unidad produce estos consensos, esta razón de coherencia y consistencia que debe balancearse con la relación de representatividad de las diferentes facciones, al interior del complejo entramado social que actualmente funciona en la mayoría de los ámbitos mundiales, cruzando formas identitarias construidas en relación al CAPITALISMO TARDIO (globalización), con permanencias locales relacionadas al pasado del grupo, por ejemplo.

Entonces agregamos a nuestros cuestionamientos las preguntas por la relación que se establece entre formas de organizar el pasado y posibilidad es de pensar y actuar un presente que va siendo futuro. La necesidad de crear una identidad siempre construida de manera FACCIONAL (Evans Pritchard 1977 [1940]) en relación diacrónica y sincrónica (con un otro actual contemporáneo y con un nosotros narrativo) implican la necesaria dimensión dinámica e inter-subjetiva del endogrupo en relación con el exogrupo como una forma de entender la identidad -a nuestro criterio- en permanente proceso de construcción y dinámica de localizaciones contextuales

En este sentido, lo que nos preocupa es la forma en que se consensuan estos relatos en un momento dado y de acuerdo a la relación de cosificación que el grupo pueda elegir para representarse, ante otros, o incluso, que pueda ser impuesta por otros, desde fuera, para ser narrados a sí mismos:

“A society can live only if its institutions rest on potent collective belief, there beliefs cannot arise from a simple reflection. It is all in vain to criticize dominant opinions, to show that they no longer respond to a situation of the present, to denounce their abuses and to protest oppression or exploitation. Society will abandon its ancient beliefs only if assured of finding others.”(Halbwachs, 1980

En este sentido, y sobre la base de nuestra experiencia, nos hemos cruzado con la persistencia de una inercia con la que se entienden muchas sociedades, a sí mismas, desde una forma conservadora, aquella que aparece como legítima, desde la propia percepción de lo identitario como algo estático, - a preservar y reproducir “para otros”- como socialmente aceptable y deseable.

Este fenómeno, en nuestros contextos, principalmente el ámbito pampeano –que nos ocupa como caso de estudio- está quizás ligado al profundo proceso de construcción identitaria nacional “desde arriba” que se interesó tanto de recordar el dilema de CIVILIZACIÓN O BARBARIE como de hacer olvidar las huellas de los violentos mecanismos materiales y simbólicos de construcción e instalación de “la civilización”.

Nos preguntamos sobre la necesidad de reforzar pensamientos conservadores o por la posibilidad de generar pensamientos cuestionadores desde el patrimonio y al paisaje, desde nuestro rol de especialistas, en vista de las formas de organización social que actualmente se encuentran siendo atravesadas por demasiados discursos hegemónicos cada vez más abarcadores y totales, que reinscriben lo particular, lo diverso, como notas de color, en el mosaico de la multiculturalidad visual que el pensamiento único y la lógica del mercado que imponen.

La situación integradora del paisaje (cultural) en tanto espacio no gestionables de manera sustentable si no es mediante formas inclusivas y construcción de consensos, nos lleva a pensar las potencialidades de estas categorías en relación con la formación del pensamiento sobre del patrimonio y sus usos.

En este sentido estaremos comprometidos en la gestión sustentable de territorios no sólo a incluir actores diversos, sino a posibilitar interpretaciones que fragmenten los discursos homogéneos y estáticos del patrimonio como potencial avance hacia una integración mayor en el campo, desde la teoría y la practica entendidas como conjunto.

El paisaje es patrimonio vivo en tanto que las dimensiones de lo llamado “inmaterial”, -el conjunto de las representaciones plurales y dinámicas sobre el mismo- se ponga en juego, incluidas en las formas de gestión territorial del mismo, como una forma más de las maneras de administración del capital simbólico, en las que las formas hegemónicas y el saber experto tienen un lugar preponderante que deberán compartir y redistribuir entre los actores implicados en la gestión de lo vivo (como condición de sustentabilidad) de esta forma particular de patrimonio.

Naturaleza y cultura, uso y conservación, se ven relacionadas con la necesidad de gestionar lo llamado “inmaterial” (considerado como conjunto diverso de representaciones valoraciones y sentidos circulando en relación al soporte material del objeto patrimonial de la escala que sea (Lopo, [2005]) no sólo como capital en sentido estricto, sino como parte esencial de la discusión en una mesa de negociación y gestión de las variadas dimensiones inmateriales que constituyen a esos territorios como tales no solo las estéticas ó históricas, sino como el conjunto de todas las demás dimensiones y representaciones políticas, económicas y de clase, que las constituyen desde diferentes puntos de vista, que son justamente las que les dan su valor y su potencial en relación al sentido que lo construye como patrimonio incluso desde y para la meramente nominativo “desde fuera”, como los casos UNESCO, por ejemplo.

Para entender entonces algunas determinaciones sobre los discursos producidos y circulantes sobre el territorio argentino, por ejemplo, podemos considerar que:

“La lucha por la apropiación del capital material y simbólico, surge, muchas veces, y en este territorio en forma muy particular, en la dinámica político-demográfica del mismo, atraviesa la construcción de imaginarios y relatos sobre él y sus paisajes, y finalmente por supuesto, emerge en el momento de generar narraciones, “contenidos” pardifusión y desarrollo a partir de los recursos culturales.” (Lopo, 2007 [2005])

En el proceso de construcción simbólico y material de estos territorios u objetos, encontramos una dinámica compleja, en la que a pesar de ser formalmente participes todos los implicados, (por diversos mecanismos y asimetrías que a simple vista surgen de los llamados procesos de planificación participativa) muchas veces, nosotros tomamos parte de forma diferencial y muchas veces sin la debida reflexividad (Bourdieu et al (1993) [1973])

El rol del especialista en la profecía auto-cumplida del patrimonio –como legitimador de un estado de las cosas determinado la mayoría de las veces verticalmente desde las formas de construcción de la cultura hegemónica-) es funcional al conjunto de los valores de esas voces que, de alguna manera, “han construido“ esos objetos y territorios y, a su vez, han construido las categorías valorativas para “apreciarlas”, valorarlas y mantenerlas”.

No debemos olvidar, sin embargo, la contracara del fenómeno mencionado en la relación entre memoria y olvido en el trabajo de Todorov, Ricoeur y otros (como el grupo de la Academia Universal de las Culturas, 2006): es necesario también el de, consensuar, también aquello que olvidar, para generar esas posibilidades de movimiento, que surge a partir de la progresiva reinterpretación del pasado que nos localiza en el presente en correspondencia a nosotros y los otros.

En ese sentido lo que consideramos importante rescatar es la necesaria gestión del olvido, pero la necesaria categorización de las texturas y formas del mismo, en tanto que, se ha adjetivado a la memoria, pero no sustantivado a las diversas formas del olvido y es justamente aquí, donde consideramos que podemos rastrear las formas de circulación del poder en tanto impugnador o constructor de estos exilios a la memoria.

Justamente este es el punto focal del objeto de nuestro proyecto de trabajo “Memoria y olvido en la construcción de paisajes patrimonio” sobre el cual nos avocaremos a trabajar en los próximos años, a partir de haber entendido en el caso pampeano un problema fundamental de esta dinámica (el olvido generalizado y diverso sobre varios aspectos, cuestiones conflictivas, sobre el cual no podemos más que aventurar para este texto estas primeras aproximaciones y avances en la revisión bibliográfica.

Consideramos que el progresivo exilio de sentidos, la simplificación de las pluralidades y la mercantilización de los paisajes, los construye como espacios descargados de su vitalidad y destruye -muchas veces- aquello que pretende distinguir y revalorizar.

Retomando a Criado Boado (1995), desde la arqueología del paisaje, la preeminencia de lo material y su subsistencia como punto de anclaje de la verdadera historia, la historia (oficial) del y en el patrimonio, (para el estadio del capitalismo como modo de producción) podemos agregar que esta determinación es notoria y se constituye uno de los nudos centrales de la concepción patrimonialista ortodoxa, en tanto ésta transforma el relato en historia, en el relato de las evidencias.

Lo material se impone por la fuerza de su presencia, su corporeidad a lo no-material en este modo particular de producción. Este testimonio material puede, en otros modos de producción, no estar presente, ni dejar marca o huella, por dos causas de interesante interacción Por un lado, puede ausentarse, acorde con las características propias de la relación entre una cultura con su medio ambiente natural, por ejemplo, por no necesitar la marcación territorial y que, de acuerdo con sus propias estructuras sociopolíticas, no requiriendo mayor marcación material en el espacio, sino sólo algunas intervenciones de baja durabilidad y poca trascendencia temporal.

Esto mismo, debemos reconocer, contribuye a un proceso de olvido mucho más eficaz pensado desde esta lógica en la que nos movemos. Pero de la misma manera que desaparecen las marcas territoriales, por baja presencia o por destrucción, desaparecen también los relatos de la memoria en la construcción de una historia, y esto no tiene que ver con su materialidad, sino con la dinámica social de la construcción de los olvidos.

Por el otro lado, esta baja inscripción material, puede más sencillamente “olvidarse”, reprimirse, desaparecer, pero no se hace eficaz sino por la imposición acorde al resultado de la contienda con la cultura hegemónica como parte de la lucha y la des-estructuración de un sistema cultural al menos como posibilidad de continuidad “narrable” de esta tradición previa.

Siguiendo el juego de las construcciones por oposición, vigente en la gestión patrimonial, pero que consideramos debe revisarse en manera urgente, creemos que una oposición fundamental, omitida, podría ser la de patrimonio PRESENTE-AUSENTE (incluso aquel presente construido desde la nominación “como patrimonio”) o en otros términos la de patrimonio CONSTRUIDO (MANTENIDO Y NOMINADO) Y EL DESTRUIDO (olvidado, omitido, excluido)

Este proceso permite transformar a lo desaparecido en lo que denominamos “DESTRUIDO”, por no poder hacer presentes, perpetuas o permanentes -ni siquiera los relatos en la memoria- debido esto a que, en nuestro caso pampeano, se hace desaparecer y se desarticula al componente poblacional y su cultura portador vivo de ese patrimonio.

Una cultura no se “destruye” solo por ser expropiada ésta de su territorio o de su posibilidad de explotación y posesión material del mismo, sino mediante operaciones complejas de mecanismos por parte de los conquistadores, por los cuales se logra establecer, “que ya no es bueno ser lo que se era antes”, sino que “conviene ser otra cosa”...

La construcción de categorías dicotómicas para el análisis y la interpretación del patrimonio no hace, de diversas formas, más que reproducir las dinámicas de esta lucha, en este caso, en forma muy particular, dado que la fijación de los sentidos reside en esta postura “de la evidencia”, y esa evidencia, más allá de ser la que es producto de la contienda y por tanto de su resultado, no es otra que la evidencia de la producción de lo construido por los “vencedores” de la misma. (LOPO, 2007 [2005])

Aquí la necesidad de narrar esta destrucción toma un lugar preeminente en la reflexión sobre los procesos de legitimación de la memoria en el patrimonio-paisaje y luego sobre la propia práctica de la generación de relatos desde muchas disciplinas, al abordar problemas patrimoniales para su difusión, que pueden inscribirse en este proceso de silenciamiento o destrucción de varias maneras por ejercer prácticas irreflexivas, en algunos casos por acción o por omisión, obturando la posibilidad transformadora que puede tener el manipular la historia, la memoria y la identidad

 

5. Alternativas clasificatorias y muchos dilemas para la construcción de un modelo abarcador

Preferimos entender y pensar la dimensión asociativa (UNESCO, 2005) de los paisajes (culturales) de esta manera, como el necesario sistema de intercambios (luchas y apropiaciones) de capital simbólico que circula en estos territorios considerados de recursos potenciales. En este sentido es necesaria la consideración de la creación (antrópica) de los mismos o su consideración como tales y su evolución como característica inherente, siguiendo las mismas tipificaciones para su caracterización (UNESCO, 2005).

La dimensión asociativa, siempre sería considerada así como el conjunto de los relatos sobre los mismos que circulan y que debería incluir a las construcciones de las nominaciones que los recortan o “distinguen” (Bourdieu 1999) como objeto patrimonial como una de las dimensiones asociativas de mayor impacto en relación con algunos de esos paisajes especialmente considerados “de valor” para la humanidad.

Entre todas los relatos recordados (y la de los olvidados) como las dimensiones asociativas y en relación necesaria los actores que las producen y transportan (local y extra localmente) podemos pensar otra forma de clasificar y tipificar -más allá de las ineludibles operaciones de fragmentación analítica- una clasificación sobre la base de las formas de gestión y relato del territorio y los balances y des-balances de los mismos, como así de las apropiaciones simbólicas. Son las que definitivamente nos permitirán entender las formas de memoria o de historia que los paisajes pueden constituir y su potencialidad integradora en cada caso.

Una lógica proposicional para los paisajes en su dimensión semiótica: PAISAJES HACIA/ DESDE y DENTRO/ FUERA

Una forma de construir categorías que den cuenta de diferencias especificas entre paisajes (culturales) reconocidos y gestionados como tales, pueden ser aquellas que, en definitiva dan cuenta de las apropiaciones y expropiaciones y construcciones de los discursos que los recortan como tales, sus integrantes y los fines de esa construcción; que, nos permiten, por lo tanto, pensar en cualidades diferentes para los paisajes en tanto pertenecientes a una comunidad, o expropiados, gestionados DESDE ella o DESDE fuera; PARA ella o para los turistas, una mínima y atrevida clasificación inicial sobre la base de estos criterios de inclusión exclusión (de gente y de relatos).

Nos permitimos aventurar esta topología, como otra modalidad clasificatoria, en relación con esta variable, que es, en muchos casos determinante de la construcción y la evolución de estos espacios territorios como patrimonio, pensando sobre la base de algo de la experiencia observada en nuestro medio latinoamericano.

Consideramos esta una forma un poco más compleja de tipificar partiendo de la apropiación y la finalidad (de los destinatarios de los discursos) de la comunidad sustento que da origen al dicho patrimonio, como una manera de incorporar la dimensión que hace a la diferencia especifica del paisaje cultural como patrimonio y de especificar diferencias entre mecanismos de construcción entre los territorios construidos bottom up o top down.

En ese sentido las relaciones son difusas y el análisis pormenorizado también destruiría la posibilidad de crear categorías, pero como otro juego de artificios podemos permitirnos una clasificación topológica con relación a las dinámicas de localización de los gestores del relato y constructores de memoria y los receptores del mismo. En estas clasificaciones, como en las formas efectivas de gestión del patrimonio a escala territorial, reconocemos ahora como condiciones de producción, ineludibles, las categorizaciones UNESCO, en dos dimensiones:

a) como referente para las construcciones de categorías, incluso de nuestra propuesta como gestores insertos en este sistema de gestión siempre-desde-fuera, pero que es parte de las reglas de producción de discurso en este campo.

b) en relación con la gestión “desde abajo”, pensando que la necesidad de gestión de un territorio siempre implica un posicionamiento para su “explotación simbólica”, su uso, para un otro.

En ese sentido, la nominación de un territorio como paisaje (cultural) parece siempre relacionarse con el fin de promoción del mismo como recurso económico. Estos productos, así, siempre entran en el inter-juego con los discursos de referencia sobre el patrimonio circulante, que en esta escala no pueden eludir su explotación para las industrias culturales, en casi todos los casos.

De una u otra manera, en mayor o menor grado, se constituye cualquier tipificación con referencia a la gestión que condensan el poder de la gestión, siempre en pos de una búsqueda de reconocimiento externo y de un posicionamiento competitivo (y publicitario) que implique la circulación de estas imágenes y las coloque a la “par” de los grandes paisajes-territorios mundiales como producto-consumible o como distinguida competencia.

Creemos, sin embargo, que la diversidad de mercados en construcción al respecto y los resultados de algunos modelos de gestión pueden permitirnos visualizar la potencialidad de maneras alternativas que impliquen minimizar esta colocación en pos del mismo mercado, buscando nichos diferenciales (TARGETS) incluso, como la construcción de productos alternativos (más "distinguidos”), dado que este proceso es parte de la lógica del mercado.

Consideramos oportuno visualizar las formas alternativas de gestión, no sólo como lógicas inclusivas y contenedoras sino también como oportunidades de desarrollo integral.

En el estado de las cosas, la invisibilización de los sistemas en conflicto y del conflicto en los sistemas es determinante para la criba de esta selección con relación a la venta del producto en los mercados del ocio, en mayor o menor grado.

Al problema que relacionábamos en otros textos como PROBLEMA DE LA VOZ Y LA MIRADA, proponemos esta tipología situacional, como una forma de incluirlo como componente fundamental para la comprensión de su forma de producción social y como manera de abarcar, desde el vamos, algunas de las características de los valores asociativos que se reconstruyen desde estos reconocimientos, para no perder de vista ese conjunto de relatos y el impacto nominativo, en el proceso de su gestión, considerando a estos impactos, como claves para la gestión sustentable y para el propio reconocimiento.

A) Paisajes “DESDE FUERA Y HACIA FUERA” y el paradigma global: Las determinaciones enumeradas sustentan y promueven la gran mayoría de los mecanismos estatales y muchos privados, para la generación de estrategias de puesta en valor y “venta” de los territorios como recurso para la industria turística (u otras industrias culturales) generalmente en referencia a un reconocimiento extra local, de cuyo modelo las nominaciones de “Patrimonio de la Humanidad” son referente.

B) Paisajes “DESDE FUERA Y HACIA DENTRO”: El paradigma nacional.

Es la alternativa de alcance intermedio, en la cual lo considerado en el modelo anterior, de alcance internacional, se repite en menor escala al interior de los Estados.

En este sentido permiten mayor particularismo y rescatan diferencias intra-estatales, que se pretenden construir especificidades a escala interna del Estado, reconociendo las pluralidades en el ámbito regional provincial, o municipal.

C) Paisajes “DESDE ADENTRO HACIA FUERA” y el paradigma holístico:

pretenden sincronizar sus criterios de gestión con las realidades socioeconómicas específicas de diferentes contextos, trabajando algunas variables en forma peculiar en pos de generar una sustentabilidad en relación con la esfera local. Quizás en relación especular negativa con los conceptos que determina las prácticas más comerciales y mercantiles de imágenes, debemos considerar asimismo, que la autogestión local, raramente está organizada muy al margen de los discursos hegemónicos en este campo.

D) “DESDE DENTRO HACIA ADENTRO” Ámbitos de escaso reconocimiento para una gestión de Recursos Culturales,

Existen, sin embargo, ámbitos que permanecen sin inclusión en las categorías de paisajes que nos visibilicen como sociedad compleja pero que son muy “representativos”. Esta exclusión, que parte de lo “estético” hegemónico, pero se basa en una exclusión anterior desde lo económico y lo político, brinda como máxima inclusión de lo “exotizado”, no otorgando al público, por ejemplo, la posibilidad de la experiencia de “paisajes” del conflicto, o los cotidianos. No excepcionales ni únicos.

El conjunto “a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras” podría analizarse en pos de construir la lógica proposicional, o la topología, para una clasificación de paisajes, atendiendo a su modo de producción como proceso semiótico y a las formas de representación de paisajes en pos de un reconocimiento extra local, como es el caso del patrimonio.

Encontramos en este tentativo proceso de clasificación, que podría completarse describiendo otras variables que lo definen, que evitaremos por razones de espacio, algunas ideas y muchas cuestiones que abordar con mayor detenimiento, en relación con las intenciones de la gestión, las voces y su legitimidad y los relatos como consensos de las tramas conflictivas, por ejemplo, un problema para pensar el el problemas de la clasificación, como los de la voz local.

Como hemos tratado extensamente en otros textos (Lopo [2005]) y seguimos elaborando, la creación de la ilusoria voz local únicamente sobre la base del concepto de Jus soli, o en el mejor de los casos, jus sanguini, en relación al territorio del paisaje en cuestión no se constituye un criterio de selección suficiente para la inclusión o la exclusión de las voces posibles.

Consideramos que las comunidades relacionadas al espacio y la historia del mismo, que pueden aportar al proceso de decisiones, son todas aquellas vinculadas, aunque no sea por la inmediata posesión del territorio o los vínculos de sanguineidad.

En este sentido los sistemas de significación ocupan un rol principal para entender que entramados de sentido pueden o deben repensarse en relación con un paisaje, incluso en las más distantes asociaciones como planteábamos en nuestra noción de hipertexto y red (como modelo).

¿Es entonces lícita la intervención de Autoría de un “investigador, para reestructurar un equilibrio menos dispar de relatos?, ¿Va esto en favor o en detrimento de los intereses locales?, ¿Quién habla en nombre de los muertos? (LOPO 2007 [2005])

Ante esto era evidente el problema del nosotros faccional (E. Pritchard, 1977 [1940]) y algunas revisiones sobre los conceptos estáticos de identidad podrían a la consideración de tema; en rigor, lo que es determinante, quizás para una clasificación más completa, sería el poder determinar, los contextos en los cuales se construyen estas clasificaciones, y las variables que operan como principales en las modificaciones territoriales de estos ámbitos, nominados patrimoniales: además del “desde” o el “hacia” considerando al para, en un grado más fino, otras alternativas serían EL SEGÚN quien o CONTRA o ANTE quien y el DESDE quien sin mencionar el CON QUIEN y SIN quienes (inclusión exclusión) es decir, localizar otras partes del proceso comunicativo y cultural que es la construcción de un paisaje cultural, material y simbólicamente, a partir del análisis de las voces participantes, diacrónica y sincrónicamente

Ahí encontramos el punto clave de nuestro trabajo, qué rol podemos jugar, y estamos jugando por default, en este proceso de construcción de sentido.

Una alternativa primaria es reconocer nuestra participación como determinante en muchos procesos, “vigilarnos epistemológicamente” y por las razones ya expuestas, poder ver al otro y encontrar el lugar del nosotros (desde fuera) para esta producción.

Una alternativa surge en considerar nuestras acciones como parte de los procesos de constitución de consensos y entender el plus de valor que puede otorgar la constitución de proyectos de gestión desde arriba-incluso como “actos territorializantes” (Lopo, Verdini, 2006) “desde arriba” (top down) que implican un posicionamiento activo del Estado como constructor de memoria y vuelven a aparecer como alternativa para la legitimidad de las construcciones, pero revisadas en el sentido intervencionista reparador, que aparece a veces con intenciones mediadoras o reparadoras, si se realiza de una forma lo más horizontal posible, como un acto que permita generar, al menos, debate local sobre lo que es o no es necesario incluir como un paso hacia la construcción de comunidad a partir de una población, con relación a su territorio. La idea de acto territorializante implica al menos la posibilidad de que una gestión material (desde fuera) impulse un debate y reconsideración de lo local (hacia adentro).

Ante la necesaria imposibilidad de acceder a consensos totales, se nos hace imprescindible prestar atención a las acciones impugnatorias (desde abajo) que también podemos considerar como voces a oír en relación a lo nombrado patrimonio y por qué no, y por qué no, como discurso “patrimonio” en sí mismo (Samar Lopo, 2006) para darles su espacio en la gestión de un relato que de cuenta de los conflictos que circulan las acciones impugnadoras surgidas desde lo popular, bottom up, que se pueden entender como parámetros legitimación de los “patrimonios construidos” y posibilitarnos en revisar el sentido de acciones materiales que por lo general desestimamos.

Para concluir: El separar territorios-paisajes y sentidos-valoraciones, s-significados-versiones -como si fuera posible- muchas veces implica una construcción de silencio, ejercido por la voz de estéticas uniformes y estereotípicas – que no deja apreciar al “otro”, en su propia voz, a partir de la dimensión material y visual específica desde la que se gestiona desde y para afuera mayormente.

Muchos de los sentidos silenciados en los territorios son conflicto y por lo tanto en el momento de gestión, los grandes silencios podrían convertirse incluso en bases potenciales para la ampliación de los recursos con miras a un desarrollo social, económico y cultural inclusivo, dinámico y plural.

Las voces hegemónicas y los silencios son insumos básicos para dar cuenta de la problemática de la memoria-olvido / memoria/ historia (oficial) en relación con la gestión de paisajes (culturales).

En la experiencia examinada, esta inquietud aparece a menudo -y en muchas de las últimas reuniones y producciones sobre el tema, vemos que se encuentra en reelaboración el problema de la significación de los sitios y hay tan pocas herramientas conceptuales para manejarlas como exceso de técnicas para abordar a la conservación de las piedras, alfombras, vitrales o hierros oxidados (prioridad hasta el momento), este fenómeno da cuenta del estado de la cuestión y del funcionamiento del campo en relación con el manejo de las variables culturales y de la construcción de una historia en particular.

Estas consideraciones, vistas desde los contextos que dieran origen a estas reflexiones, la Pampa Austral” o el “Nuevo Sur” en donde la construcción de la constitución cristalizadas a partir de las comunidades imaginadas por los gestores de un proyecto de elite desde fines del S. XIX, para simplificar a la complejidad cultural surgente, sobre la cual la Argentina -parafraseando a Halperin Donghi- debió construir (primero) un desierto para (luego) dar lugar a la nación Argentina” (Halperin Donghi, 1992).

Ese proceso particular de la región pampeana, pero que no escapa a relacionarse con casi todos los demás ámbitos nacionales a los cuales además intentó imponer algo de su “argentinidad” (pampeano-porteña) es, a nuestro criterio, un punto clave para pensar en revisar las concepciones paisajes y territorios, de la especie que sean, al menos en Argentina. Podemos pensarnos, inclusive, dentro de las sociedades con pasado traumático reciente, en las cuales el rol de Estado y de los gestores es parte del conflicto –aventuramos, aun sin revisar en muchos campos-.

Recientemente en la IX reunión del Forum UNESCO “Universidad y Patrimonio” sobre Paisajes Culturales, de Newcastle, 2005 se ha comenzado –quizás impulsado por el ámbito de su realización- el “Reino Unido”, a encontrar un espacio de expresión para particularismos que intentan gestionar ámbitos de memoria de conflictos, en este caso, las voces de irlandeses y galeses (entre otras minorías) se hicieron sentir en el foro y se ha llegado a incluir en las conclusiones como último párrafo de las últimas consideraciones esta cuestión, la Declaración de Newcastle, en su apartado 4.0, de la sección titulada, “Además destacan que”, nos dice: 4.9.

Los paisajes culturales que representan dolor humano, el sufrimiento, la muerte, la guerra, la terapia, la reconciliación y la memoria, deben ser tenidos en consideración, no solamente con respecto a su inscripción en la lista del patrimonio mundial, sino también por su papel en la conservación, investigación, educación comprensión mutua y creación de paz.”

Debemos señalar asimismo que en este ámbito se han construido además algunas reflexiones sobre las problemáticas señaladas, que pensamos, poco a poco, se irán haciendo lugar en el seno de la institución, pero que consideramos que las dimensiones del “conflicto” merecen incrustarse a los ámbitos de las supuestas armonías (de base estéticas) como forma constitutiva, propia de la transformación territorial, en pos de un reposicionamiento de los “observadores” respecto a la participación en la propia historia de la que ellos son la parte fundamental, como actores en un proceso dinámico, que siempre continua.

Si los estereotipos son sólo una forma de construir in-comunicación, a partir de la estructuración de diferencias tolerables y no de vínculos humanos; si las luchas fueron y son parte constitutiva de la identidad latinoamericana, y si con el discurso instaurado y la falta de crítica, se repiten eficazmente mecanismos de olvido, arrinconando a las mayorías hacia varias formas exclusión, con una permanente insistencia en la des-memoria y la pacificación, creemos necesario en primera instancia re-pensar en los mecanismos de los silenciamiento, para poder así tratar de incorporarlos al conjunto de los discursos que dan sentido y construyen el patrimonio como tal.

En palabras de Dominique Lecourt, refiriéndose al papel de la ciencia respecto a temas de la memoria, apela a estar -al menos- en su criterio “prestos a sonar la alarma cuando, desde un pasado mal asumido, por no haberlo analizado suficientemente, resurge un monstruo horrible” (AUC:2006 [1999]) o en términos de Alain Touraine, refiriéndose a los roles diferenciales de la memoria, la historia y a la oportunidad de revisar la relación memoria-historia “la memoria representa también la liberación de los pobres y de los dominados, respecto de la historia escrita por los dominadores... como recuerda Eco, la memoria colectiva resiste a las representaciones reconocidas y transmitidas por la historia.” (AUC:2006 [1999]).

Proponemos entonces un ejercicio de trabajar estas memorias y revisar la relación que estas han tenido con la historia que se relata en el patrimonio para poder encarar un futuro menos monstruoso y construir nuevos paisajes (culturales) en los espacios de los que hoy somos actores.

La historia intelectual de la humanidad puede considerarse una lucha por la memoria. No es casual que la destrucción de una cultura se manifieste como destrucción de la memoria, la aniquilación de textos, el olvido de los nexos (Lotman: 1970)

Y creemos finalmente, como estrategia, la de explicitar y recordar los nexos, en la forma más extensa posible, como parte fundamental de un desafío por una nueva gestión patrimonial que pueda hacer sustentable el objeto territorial al que se refiere con una base de legitimidad lo más diversa posible.

La pregunta acerca de la “productividad” de la reflexión sobre pasados dolorosos y revisión del mismo en las memorias o el preferir la repetición de algunas armonías y el olvido de lo no-agradables, queda a exclusiva responsabilidad del lector. Martín Lopo.

No es necesario olvidar. Para lo que no resulta agradable, en arte, el recurso de la abstracción permite asistir a suscitar lo indecible, sin citarlo abiertamente; sin abismar a nuestros vecinos. Ese es el don del fenómeno estético. Que de lo contrario merecería ser tildado de estétrico. FJA

 

Paisaje cultural y comunicación

Oscar Roberto Valverde

Los aportes del Campo Comunicacional al ámbito de los Paisajes Culturales, desde una acción de investigación interdisciplinar, presuponen:

- una revisión epistemológica, metodológica e ideológica conjunta con las diversas áreas del conocimiento que aportan a las prácticas relacionadas con el patrimonio;

- un análisis de formas de relación, tanto históricas como actuales, sobre cómo la gente se comunica en los distintos niveles de complejidad, integrando dichos aportes a los trabajos de inventario; asimismo, desde metodologías cualitativas, buscar aproximaciones a como la gente lee, usa y resignifica su patrimonio; acciones que se integran a los procesos de identificación, protección, conservación y revalorización, de acuerdo al artículo 6.2. de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, UNESCO, 1972.

En los últimos años se ha agregado el tema de la interpretación, que facilita la protección y el uso social del patrimonio y que permite ofrecer diferentes lecturas y opciones, empleando para ello toda clase de recursos y dispositivos de presentación y animación. (Ballart Hernández, J.; Tresserras, J. J. Gestión del patrimonio cultural. 2005); y el proceso de la Carta de Ename que se prepara para ser aprobada en la próxima Asamblea General del ICOMOS en Québec, 2008; y - la gestión y planificación integral del patrimonio que apunta al conjunto de actuaciones programadas con el objetivo de conseguir una optima conservación de los bienes patrimoniales y del uso de estos bienes adecuado a las exigencias sociales contemporáneas (Ballart y Tresserras, 2005)

El patrimonio, -de acuerdo a la Recomendación de Nairobi, UNESCO, 1976, relativa a la participación de las comunidades-, requiere la intervención del mayor número posible de personas. Tiene que darse a conocer desde y para los diferentes actores que median en los procesos relacionados con la sensibilización de las poblaciones.

De allí la exigencia de estrategias y programas de difusión y comunicación.

 

Del territorio al paisaje:

Notas sobre la construcción del paisaje en el Río de la Plata

Norberto Feal

Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”. CIP, Centro de Investigaciones del Paisaje. Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Universidad de Buenos Aires

En el Diccionario de la Lengua Castellana Magnus, a la voz “paisaje” corresponde en primer término la siguiente definición: “Extensión de terreno que se ofrece a la vista”, y en segundo, “Pintura que representa el campo, árboles, etc”.

Para el término “territorio” dice: “Superficie terrestre perteneciente a una nación, provincia, etc”. En estas definiciones generales aparece planteado un problema central en referencia a la utilización de tales términos, y sobre el que resulta interesante reflexionar.

Las dos acepciones correspondientes al término “Paisaje”, evidencian una necesaria relación entre la noción de paisaje como efectivo espacio físico, “Extensión de terreno que se ofrece a la vista”, y las representaciones que de tal espacio se construyen desde las producciones iconográficas, “Pintura que representa el campo, árboles, etc”.

Comparando ambos términos, y más allá de las diferencias existentes entre “extensión” y “superficie”, fácilmente homologables, se hace manifiesto uno de los aspectos más cruciales en el proceso de construcción del paisaje en tanto hecho cultural. Mientras que el territorio es un hecho jurídico, anclado en la noción de pertenencia, el paisaje es constituido como suceso visual, hecho que “se ofrece a la vista”; sí al territorio lo construye el reconocimiento, la medición y la demarcación, al paisaje, lo construye el ojo. La construcción del paisaje resulta entonces ser la organización ficcional de los datos elaborados en torno a la demarcación territorial.

En estos términos, y en el marco de la producción paisajística dentro del proceso de urbanización del Río de la Plata cabe preguntarse ¿Cuáles son los límites y alcances de la noción de territorio, y cuáles de la de paisaje? y ¿Cómo se relacionan ambos objetos?, o más específicamente ¿Qué tipo de líneas se entrecruzan entre la construcción de uno y de otro?

“Das sind die neu gefunden Menschen” es la más antigua representación conocida del Río de la Plata. Es un grabado realizado por G. Stuchs en Nüremberg entre 1505 y 1506, y representa seguramente la llegada al estuario del Río de la Plata de la expedición de Gonzalo Coelho y Américo Vespucio entre 1502 y 1503, más de treinta años antes del primer establecimiento de Buenos Aires (Suárez, 1960).

En la lámina, además de las tres carabelas que componían la expedición aparecen representados grupos indígenas con rasgos vinculables a los tipos guaraníticos, además de la densa vegetación característica de las áreas marginales del Río de la Plata, y en el horizonte, al fondo del estuario, el Cerro de Montevideo. Si bien no es posible desde la orilla oeste del Río de la Plata, tener tal visión del cerro, lo cierto es que el Plata, en esta temprana representación parece ser entendido y representado en términos de unidad territorial.

La particularidad de “Das sind die neu gefunden Menschen”, particularidad que va a cesar muy rápidamente, reside en la instauración de un punto de vista de observador situado en tierra.

Las representaciones del Plata realizadas después de la fundación de Juan de Garay en 1580, y hasta principios del siglo XIX, serán construidas constituyendo un punto de vista, privilegiado y hegemónico, por fuera de la ciudad, y situado en el propio río, en coincidencia con la construcción del modelo de ciudad portuaria del Atlántico Sur y llave del comercio internacional en los territorios sudamericanos de la Corona española.

Posteriormente este modelo, que podemos llamar del punto de vista del observador situado en el río, va a ir perdiendo vigencia, desde mediados del siglo XIX, en coincidencia con la construcción del equipamiento portuario que va ir articulando la ciudad con el río y, particularmente, el deslizamiento del modelo de ciudad puerto mercantil al de ciudad capital del gran imperio agroganadero en que se convirtió la pampa húmeda.

La culminación del modelo del punto de vista del observador situado en el río es la lamina realizada por John Dulin en 1860 “Buenos Aires a vista de pájaro”.

Sin embargo, entre la publicación de “Das sind die neu gefunden Menschen” y la efectiva construcción del punto de vista situado en el río, una serie de representaciones cartográficas realizadas entre 1527 y 1580 van a dar cuenta de la modelización del territorio que va desde la organización del mito vinculado a la existencia de los anhelados yacimientos de plata, hasta la definición del aspecto físico del territorio en sus componentes, y la evaluación de sus posibilidades ciertas de producción económica.

En los primeros tiempos de reconocimiento y exploración, posteriores a la expedición de Vespuccio, la visión del área del Plata gira entorno a la problemática de la búsqueda de la llamada “Sierra de la Plata”, mítico yacimiento inspirado en el cerro de Potosí, y la demarcación entre los territorios de la Corona española y de Portugal.

En la “Carta Universal en que se contiene todo lo que en el mundo sea descubierto fata agora”, realizada por Diego Ribero, cosmógrafo de la Corona, en Sevilla en 1527, aparecen datos centrales en referencia a estos dos aspectos. La construcción del mito está evidenciada en el sistema montañoso, donde se origina el Plata, aunque el río todavía aparece con la antigua definición española de Jordán.

El trazo de la “Línea de Tordesillas”, si bien incorrectamente tendido entre las bocas del Amazonas y del Plata, (Difrieri, 1981) y la representación de las banderas de Castilla y Portugal demarcan e institucionalizan las formas territoriales definidas por el Tratado.

Algunos años después, en la “Carta del Brasil y del Río de la Plata” realizada en 1540 por Alonso de Santa Cruz, a raíz de la expedición de Sebastián Caboto al Río de la Plata, de la cual Santa Cruz fue miembro, aparece por primera vez el nombre de Buenos Aires, en referencia al asentamiento realizado por Pedro de Mendoza en 1536.

En las cartas de Santa Cruz, además de la “Provincia del Plata”, cedida a Mendoza por capitulación imperial, el sistema hidrográfico Paraná-Uruguay-del Plata se evidencia claramente delineado y persiste la serranía que daría origen al sistema hídrico.

Las cartas de Santa Cruz, realizadas muy poco tiempo antes del despoblamiento de Buenos Aires, en el invierno de 1541, cuando Domingo Martínez de Irala traslada la población al Real de Asunción del Paraguay, fundado en 1537 por Juan de Salazar, cristalizan el punto máximo de la idea de Buenos Aires como enclave de demarcación territorial.

Con posteridad al despoblamiento de 1541, y en vistas de la articulación del programa de las naciones europeas capitalistas, particularmente de Gran Bretaña en el Atlántico Sur, junto a la caída de la leyenda de la Sierra de la Plata, el estuario va a ir siendo configurado como puerto de comercio y punto de acceso a los territorios australes de España en América.

Para 1572, en una carta realizada por Joao Martins, si bien ya no aparece Buenos Aires, el nombre del Río de la Plata, dado por los portugueses, ocupa toda la zona territorial del complejo hidrográfico, y en la realizada por Joao Oliva en 1580, casi contemporánea con la nueva fundación de Buenos Aires realizada por Juan de Garay, el detallado registro del complejo hidrográfico y de las islas del Paraná, como asimismo la ausencia de las serranías vinculadas al mito del yacimiento de plata, manifiestan el mayor conocimiento de la zona obtenido en expediciones realizadas por Martín Alfonso de Souza, Sebastián Caboto y Diego García.

Estas cartas dan cuenta del trabajo de organización territorial realizado por los expedicionarios para la Corona; tanto los viajes de reconocimiento como la fundación del Fuerte de Buenos Aires que iniciaba el plan de asentamientos destinados a consolidar la frontera demarcada en el Tratado de Tordesillas como freno a los avances portugueses. En definitiva, la compleja trama de intereses internacionales que se despliega en el estuario.

Un notable cambio en las estrategias representacionales del Plata se hace evidente después de la segunda fundación de Buenos Aires. El primer plano de Buenos Aires se realiza en 1583, tres años después de haber sido realizada la fundación por Juan de Garay.

El plano Garay, fuertemente geometrizado, trazado sin escala ni más referencias geográficas que una definitiva línea de costa, especifica las condiciones de fundación y el reparto de solares.

La ciudad está proyectada con 9 manzanas en sentido perpendicular a la costa y 16 en sentido paralelo. Sin embargo, la última alineación hacia el sur no presenta repartición por lo que la planta queda centrada simétricamente sobre el eje que pasa por la Plaza Mayor, con alineaciones de siete manzanas hacia al norte y siete hacia el sur. La Plaza Mayor está ubicada de acuerdo con las Ordenanzas de Población de 1536 creadas por Felipe II, por las cuales, “siendo en costa de mar se debe hacer a la desembocadura del puerto”.

La manzana contigua está designada para el fuerte y para el propio Garay, quien nunca la ocupó (Della Paolera, 1936). En cierta medida, el eje que va del Cabildo, cruza la Plaza Mayor y termina en el Fuerte como proyección hacia el puerto, que se irá consolidando a lo largo de los siglos XVII y XVIII ya aparece planteado en el plano de Garay, y pone de manifiesto las tensiones existentes entre el modelo urbano generalizado para la época y la efectiva fundación de Buenos Aires en relación con el Atlántico Sur.

Para 1580, la Corona evitaba la fundación de ciudades portuarias, optando por las mediterráneas. Las experiencias en el Caribe y los continuos ataques de que eran objeto las ciudades costeras explican hasta cierto punto la preferencia de la Corona por las ciudades mediterráneas.

Sin embargo no debe ser descartada la pérdida del control comercial sobre los puertos en la reticencia a la fundación de ciudades costeras, evitando la posibilidad de puntos de contacto entre las colonias y las naciones capitalistas de Europa.

La refundación de Buenos Aires, sobre la costa del Plata, pone en juego las tensiones existentes entre el modelo de dominación español y las organizaciones atlánticas emergentes en el ámbito de la modernización europea.

Efectivamente los intereses en juego con la fundación de Buenos Aires se transparentan en la controversia entre Garay y Jerónimo Luís de Cabrera, tanto como en las ideas expresadas por Juan de Matienzo en 1566.

Juan de Garay recibe de Pedro Ortiz de Zárate la comisión de Gobernador delegado en la Provincia del Plata. En 1773 había fundado en Cayastá la ciudad de Santa Fé, y en 1576 viaja a Lima en calidad de albacea de Ortiz de Zárate. En 1577, desde Asunción, Garay va a organizar la expedición al Plata una vez dirimida por el Virrey Toledo a favor de Garay la polémica desatada con Jerónimo Luís de Cabrera, fundador de Córdoba, en 1573, en relación al dominio portuario del Plata.

Las posibilidades del Plata, en realidad ya habían sido expresadas por Juan de Matienzo en 1566. Matienzo, Oidor de la Real Audiencia de Charcas dirige una carta a la corte donde expresa que “Hase de poblar desde España el puerto de Buenos Ayres, adonde ha habido ya otra vez poblazón y hay hartos indios y buen temple y buena tierra. Los que allí poblaren serán ricos, por la gran contratación que ha de haber allí desde España, de Chile y del Río de la Plata y de esta tierra como luego diré” (Puigrós, 1986).

Posteriormente la renovación del lugar de Buenos Aires en el mapa sudamericano va a estar ejemplificado en el rápido cambio de categorías jurídicas que obtiene la ciudad, a partir del siglo XVII: En 1617 es designada capital de la nueva gobernación y en 1776, pasa a ser cabecera del nuevo virreinato del Río de la Plata.

Si bien en coincidencia con la designación de Buenos Aires como sede de gobernación comenzará la aplicación de regulaciones tendientes al mejoramiento de la ciudad, como por ejemplo la reglamentación de 1620 que exige fundaciones de piedra a toda construcción, será recién a fines del siglo XVIII, alrededor de la fecha en que es creado el Virreinato, cuando la legislación urbanística de Buenos Aires comience a constituirse como conjunto de leyes orgánico:

En 1772 se impone la línea de edificación de fachadas, en 1784 se dispone la vigilancia de las construcciones por alarifes oficiales, en 1788 se exige la aprobación de planos como trámite previo a la realización de toda obra.

La constitución de este cuerpo legal da cuenta y acompaña la explosiva producción arquitectónica realizada en Buenos Aires desde principios del siglo XVIII, con la llegada de los arquitectos jesuitas, particularmente de Andrea Bianchi.

Sin embargo, las representaciones de Buenos Aires para esa época van a dar cuenta de estos cambios solo de una manera difusa y tangencial en tanto lo permita la constitución del observador situado por fuera de la ciudad, y en el río.

La ciudad de Buenos Aires, que va a experimentar una notable transformación de su litoral, en consecuencia con el desarrollo mercantil ligado al comercio ultramarino, a través de la configuración de redes de contrabando constituirá un campo propicio para la aplicación de sistemas representacionales destinados a reflejar el carácter portuario de la ciudad.

Ahora bien, si desde el siglo XVII comienzan a realizarse representaciones de la ciudad de Buenos Aires desde el río, que parecen sintonizar con la idea de la ciudad portuaria, muchas veces con un alto grado de idealización, y siempre por artistas visitantes eventuales, es después de los sucesos revolucionarios, cuando al incrementarse la circulación de artistas va a producirse un cuerpo mayor de representaciones de la ciudad utilizando de manera muy preferencial el punto de vista desde el río.

En este sentido, los sucesos de mayo y las guerras de independencia no parecen marcar una fractura, sino más bien una continuidad con, e incluso una amplificación de la tradición representativa.

Los artistas viajeros proveyeron el cuerpo iconográfico para la producción europea de láminas, destinadas al público europeo interesado en los territorios americanos. Por ejemplo, los hechos relativos a las invasiones ingleses de los años 1806 y 1807 inspiran una gran producción de grabados tanto en Inglaterra como en Francia desde 1807.

Hacia 1820 pareciera existir un modelo de representación porteño ejemplificado en la lámina que realiza José Cardano en Madrid “Los Ingleses atacan à Buenos–Ayres y son rechazados”, tomando como base los dibujos, actualmente desaparecidos de Fernando Brambila y de Juan Gálvez(del Carril, 1984).

La tradición del modelo del observador desde el río va a mostrar indicios de agotamiento hacia 1820. Una coincidencia de factores parece acelerar el abandono de tales representaciones: La instalación permanente de artistas en Buenos Aires, que van a inaugurar una tradición regional y el cambio del modelo urbano de ciudad puerto.

La instalación de artistas en Buenos Aires como la de Richard Adams en 1825 o la de Charles Henri Pellegrini en 1828 desarrolla el interés por representar la ciudad desde su interior; interés inaugurado por Emeric Essex Vidal durante su estadía en el Río de la Plata, entre los años 1816 y 1817.

Por otra parte, la expansión de la producción agropecuaria y el incipiente delineamiento del modelo provincial agroexportador, van a producir una reforma en las mentalidades porteñas tendiente a neutralizar el concepto de ciudad puerto.

De este modo, el cuerpo de representaciones de la ciudad de Buenos Aires desde el Río de la Plata, realizadas entre los años 1820 y 1860 da cuenta de un ajuste de los modelos de representación que implica un corrimiento desde morfologías altamente idealizadas hacia expresiones más realistas, donde el ajuste de las modalidades representativas sería coincidente y simétrico con el corrimiento que experimenta Buenos Aires de ciudad portuaria a capital de un extenso territorio agroganadero, con los consecuentes cambios en contenidos simbólicos de la configuración ideal de la ciudad.

Asimismo, el cambio en la situación de los artistas -de artistas en viaje a artistas radicados en Buenos Aires-, de los lugares de producción de las representaciones, -grabados realizados en Europa a obras realizadas in situ-, y del destino de las obras - del público europeo a habitantes porteños- daría cuenta de un profundo cambio en las condiciones de producción, circulación y consumo de las imágenes; y en la medida en que la ciudad de Buenos Aires se acerca efectivamente al paradigma urbano de ciudad portuaria de marcada importancia mercantil en los territorios sudamericanos, configurado durante los siglo XVII y XVIII, se irá gestando un nuevo ideal urbano que va a clausurar el modelo portuario, con el consecuente corrimiento en las configuraciones ideales de ciudad que implican una necesaria, y definitiva, reforma de los lenguajes de la representación urbana