Index . a nutrir paisaje protegido mirando por:

Cap I

Ecología de ecosistemas e hidrología urbana . 20 preguntas

confesiones . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . 14 . 15 . 16 .

Dinámica horizontal en humedales: esteros, bañados, meandros, cordones litorales . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 .

Cap II

Patrimonios en ámbitos rurales, confesiones .

17 . 18 . 19 . 20 . 21 . 22 . 23 . 24 . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 . 30 . 38 . 39 .

El paisaje construído en Al Maitén . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 .

Cap III

Paisajes culturales . 31 . 32 . 33 . 34 . 35 . 36 . 37 .

Cap IV

El timón 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 .

Cap V

Leyes particulares . introito . 0 . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . 7 . 8 . 9 . 10 . 11 . 12 . 13 . 14 . 15 . 16 . 17 . 18 . 19 . 20 . 21 . 22 . 23 . 24 . 25 . 26 . 27 . 28 . 29 . 30 . 31 . 32 . 33 . 34 . 35 . 36 . 37 . 38 . 39 . 40 .

Cap VI

Paisajes interiores

Inmanencias . 1 . 2 . . La viga de cruce . 1 . 2 . 3 . 4 . 5 . 6 . . Joaquín Lera . . jubileo . . creación . . intangibles . . Carlos Lohlé . . Guillermo Roux . . César Pelli .

 

Reflexiones tardías

Tensores discursivos que no interactúan en directo ni en administración, ni en justicia y por ello ignoran cantidad de recursos legales, que si la justicia estuviera solicitada por estos intelectos, otra eficiencia alcanzaría y no viviría refugiándose en rituales procesales.

Relatan historias, sin memoria de inacción propia

 

http://www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/geo/geocritica2010/242.htm

LA DIMENSIÓN SIMBÓLICA DEL TERRITORIO: ANÁLISIS DE CASO SOBRE MECANISMOS DE DIFERENCIACIÓN DE LUGAR

Guillermo Tella

Instituto del Conurbano - Universidad Nacional de General Sarmiento

arq@guillermotella.com

Rodrigo Silva

Instituto del Conurbano - Universidad Nacional de General Sarmiento

rodrigosilvaar@gmail.com

La dimensión simbólica del territorio: análisis de caso sobre mecanismos de diferenciación de lugar (Resumen)

En la ciudad encontramos varios discursos: el discurso del orden, dado por el Estado a espacios y actividades; el discurso del poder, dado por las relaciones de fuerza instaladas; el discurso de la diferenciación, dado por su propia cualidad urbana. Existe entonces un discurso urbano, legitimado socialmente, en el que la ciudad "nos habla" para expresar orden, poder y diferenciación. Desde esta perspectiva, a partir de un caso de estudio -una localidad del norte de la región metropolitana de Buenos Aires-, se da cuenta de la presencia de marcas simbólicas que señalan orden y diferenciación y, en esa lógica, se ha elaborado una variable compleja -a modo de instrumento de actuación- tendiente a fomentar un modelo de ciudad que reduzca las diferencias entre el derecho y el acceso real de los distintos sectores sociales al espacio construido.

 

Palabras clave: dimensión simbólica, cartografías sociales, valorización del suelo, diferenciación de lugar, derecho a la ciudad.

The Symbolic Dimension of Land: Case Analysis on Mechanisms of Differentiation of Places (Abstract)

In the city we could find many discourses: the order discourse, which is given by the state to the places and the activities; the power discourse, which is given by the installed power relationships; the differential discourse, which is given by its own urban quality. So, there is an urban discourse, socially legitimism, in which the city "talks to us" to express order, power and differentiation. From this perspective and by the study case - a locality of north of the Metropolitan Region of Buenos Aires - is going to release the perspective of symbolic marks which point out order and differentiation and that logic is being elaborated by a complex variable - action instrument - in order to encourage a city model which reduce the differences between law and the real access of different social groups to the build space.

Keywords: dimension symbolic, cartographies sociality's, valorisations grounds, differentiates place, right to city.

Introducción

A diferencia de las características de crecimiento urbano identificadas en el período de sustitución de importaciones de mediados del siglo veinte -en que la ciudad atravesaba las etapas de extensión, consolidación y densificación-, hoy la construcción de la ciudad es necesario explicarla a partir de tres procesos de actuación: calificación del espacio, valorización del territorio y diferenciación espacial, donde el Estado se ocupa de regular y sostener el mercado del suelo, el casco consolidado y las áreas de asentamientos populares; mientras que el capital privado, de organizar importantes fragmentos del territorio ydesarrollar las áreas donde realiza sus propias inversiones.

Estos procesos de cambio generan en la ciudad nuevas relaciones entre espacio, poder e identidad, tales relaciones se expresan mediante símbolos, mediante elementos materiales que comunican ideas o valores que contribuyen a ordenar y configurar el territorio, la población y las inversiones. De modo que el símbolo constituye uno de los factores de diferenciación de lugares. Los símbolos son entendidos sólo en su contexto de referencia, y por lo tanto contribuyen a construir identidad, cultura y ciudad.

Se pone en evidencia la necesidad de reflexionar sobre las dimensiones simbólicas en el proceso de construcción de la ciudad. Sabemos que existen marcas físicas y simbólicas en su organización; que la constitución de esas marcas se produce al momento de ser concebidas socialmente; que el acceso de los distintos sectores sociales al espacio construido es diferencial; y que existen diferencias entre el derecho y el acceso real de la población a la ciudad.

En esa línea, en el análisis simbólico del espacio urbano, los conceptos en discusión suelen ser: la autoridad, la centralidad, la legitimidad, lo público, lo privado. Con lo cual, el proceso de organización de los elementos urbanos implica la toma de decisiones previas por parte de las autoridades municipales. Esto se expresa sobre una carta de zonificación, cuya división u organización define marcas simbólicas a través de la que se demarca inicialmente el territorio.

Desde esta perspectiva, a partir de los resultados emergentes de un proyecto de investigación en curso1, es necesario señalar que las relaciones y articulaciones entre redes de actores se conforman alrededor de los procesos de reproducción social. Asimismo, el acceso a la ciudad de los distintos sectores sociales se establece a partir de la organización física y simbólica del espacio urbano, a partir de la red de actores y mecanismos socioeconómicos que participan en este proceso.

El sistema social constituido funciona dentro de un determinado orden. En ese orden, la construcción del espacio es también de carácter simbólico. El espacio se organiza a partir de zonas con distinta calificación y precio y son ocupadas por sectores sociales distintos, con demarcaciones distintas. Con lo cual, permite mantener la diferenciación de actores en la distribución del territorio y -también- el control social para asegurar la reproducción del capital.

Hacia un status urbano del territorio

El orden en el territorio está señalado a través de marcas simbólicas que coinciden con la normativa vigente: la división en zonas del municipio (plano de zonificación); el tipo de trazado urbano (reticular, estelar, irregular, etc.); infraestructura y equipamiento disponibles (redes, plazas); la vegetación del lugar y el cuidado de la zona (limpieza); la accesibilidad con que cuenta y los precios del suelo. Se trata de elementos que permitirían indicar un status urbano de la zona. De este modo aparece el orden como expresión de una amplia y compleja red de actores interrelacionados y de una constelación de signos que demarcan el territorio.

Hablamos entonces de un nuevo mecanismo que interviene en la construcción de la ciudad. ¿Cuáles son entonces esas marcas simbólicas? El tipo de construcciones, el mantenimiento edilicio, tipo de vivienda, estado de la edificación, materiales predominantes, expresan el mayor contraste social y económico de un barrio que al mismo tiempo coincide con el orden que expresa la acción del Estado: zonificación, retícula, trama, uso del suelo, infraestructura, equipamiento, ancho de las calles, vegetación, mobiliario urbano, el cuidado de la zona, la seguridad, la accesibilidad, el valor del suelo, en la calidad del espacio público. Estas marcas se ordenan en el territorio a partir de diferencias que expresan un orden.

La representación de áreas de precios, cuidado de la zona, mantenimiento edilicio, dotación de infraestructura, etc., define áreas homogéneas. La observación de estos indicadores sobre un área determinada permite construir mapas que expresan las marcas simbólicas del lugar. Esto conforma determinados parámetros que pueden leerse a distintas escalas: parcela, manzana, sector, zona, etc.

En consecuencia, encontramos varios discursos: el discurso del orden, dado por el Estado a espacios y actividades; el discurso del poder, dado por las relaciones de fuerza instaladas; el discurso de la diferenciación, dado por su propia cualidad urbana. Existe entonces un discurso urbano, legitimado socialmente, en el que la ciudad "nos habla" para expresar orden, poder y diferenciación.

Desde esta perspectiva, se trabajó sobre una localidad del municipio de Tigre, en el norte de la región metropolitana de Buenos Aires, para dar cuenta de las divisiones físicas y simbólicas detectadas y la distribución de los distintos grupos homogéneos en el espacio construido. La organización del espacio, la consistencia del tejido, el tratamiento paisajístico, la valoración inmobiliaria, el carácter de la trama, los sistemas de control, el cuidado del entorno y los tipos de regulación constituyen algunos de los principales ejes examinados.

En consecuencia, a partir de la construcción de una variable compleja, capaz de definir el acceso real de la población a la ciudad en un área de estudio, desde ámbitos académicos se ha comenzado a diseñar instrumentos de actuación que tiendan a fomentar un modelo de ciudad que reduzca las diferencias entre el derecho y el acceso real de los distintos sectores sociales al espacio construido de la población.

Construcción de la vida y relaciones de poder

Se entiende que la ciudad es una construcción protagonizada por el conjunto de los actores de una formación social que se origina en su accionar en los procesos de reproducción de sus vidas en un territorio concreto. Las acciones y las prácticas que los actores sociales realizan en ese marco van construyendo la sociedad, la economía y el espacio urbano. Es decir, esos actores desde su accionar van construyendo relaciones que sustentan la economía, la sociedad, la cultura, el espacio urbano.

La acción de los actores sociales en cada uno de esos campos (cultural, económico, urbano, urbano, simbólico, etc.) origina competencia entre sí, es decir, una lucha por los capitales que en cada uno de esos campos existe en busca de la posesión de distintas porciones de ese capital que diferencia a los actores unos de otros. A su vez, esas relaciones se institucionalizan y constituyen las bases de la espacialización en el territorio de esas relaciones transformadas en prácticas y acciones.

Esta construcción se realiza en un marco donde predominan las normas de la reproducción del capital. (Bourdieu, 2002). La espacialización implica la distribución no arbitraria de trabajo, tiempo, funciones y personas, que aparecen muy precisamente organizadas en el territorio a fin de obtener la máxima eficiencia en la reproducción de las inversiones realizadas, mantener el orden y las diferencias alcanzadas entre los actores en sus luchas por la apropiación del capital común. En esa construcción de la vida se generan relaciones de poder y de mantenimiento de las relaciones que sostienen ese poder. Entre esas relaciones de poder puede mencionarse el poder simbólico.

Desde el punto de vista de la simbología de la ciudad y su rol en la constitución del espacio urbano, la cultura genera un común de sentido, ordenando el mundo cognoscitivo y actitudinal de sus miembros, organizando al mundo que rodea al hombre. La cultura es un generador de estructuralidad, crea una "socioesfera", que hace posible la vida de relación. La significación del espacio parte de la cultura ya que en esa "socioesfera" expresa parte del orden social. (Thompson, 1991).

El espacio urbano expresa múltiples significados que se organizan en el territorio en base a la decisión de actores mediadores, tales como el Estado o los inversores privados, que transforman el espacio urbano de un modo organizado que es aceptado por todos los actores sociales que lo ocupan. Esta lógica se impone, se acepta y expresa el poder de decisión. El carácter de signo de un fenómeno no está dado por lo que ese fenómeno es, sino por lo que representa.

Siguiendo a Charles Peirce (Peirce, 1987), tan fuerte es la acción de representación en torno a los signos que no solemos ser concientes de esa asimilación, dado que el hombre solo puede pensar por medio de los signos, de representaciones mentales de los objetos: el signo está en lugar del objeto y lo representa por convención mediante símbolos. Con lo cual, los símbolos son producto de un acuerdo tácito de una comunidad.

Cabe señalar que los mensajes de la comunicación masiva generalmente se convierten en mercancías. (Thompson, 1991). Se puede considerar a la comunicación masiva entonces como la producción y la difusión institucionalizada de bienes simbólicos a través de la transmisión y almacenamiento de información. Por lo tanto, la diferenciación simbólica intencional del espacio tiene un correlato con el modo de producción dominante y con la lógica de la obtención del máximo beneficio.

El orden simbólico en el territorio

A partir de un caso de estudio es posible abordar la construcción simbólica de la ciudad. Se trata de la localidad de "Rincón de Milberg" en el municipio de Tigre, situado en el norte de la región metropolitana de Buenos Aires. Desde la hermenéutica se intenta explicar el papel que juegan las "marcas simbólicas" en la construcción de la ciudad. El territorio tiene un sentido significante, un aspecto simbólico que ofrece un discurso aprehensible por todos los individuos que allí viven.

En términos de interpretación de signos, deben reconocerse tres factores determinantes: el objeto o lo que actúa como signo; aquello a lo que el signo alude y la interpretación que hace un intérprete de esa relación en un el contexto socio-cultural dado. En el espacio urbano existe una fuerte carga cultural que funciona normalizando el espacio para quien lo observa. Los receptores (individuos, vecinos, actores sociales) naturalizan una diferenciación entre espacio público y espacio privado.

El espacio urbano culturalmente cargado de signos se explica a sí mismo a partir de esta diferencia privado-público. Lo público debe expresar un orden uniforme, garantizando una lógica en el territorio; lo privado depende del propietario de cada parcela. Las representaciones mentales con que opera cada individuo sobre hechos o fenómenos se realizan mediante signos que al socializarse forman un sentido común, un significado social y cultural para con los objetos.

El territorio ofrece calidad urbana según capacidad adquisitiva, desarrolla áreas desde las bases mismas de la división del territorio y la sostiene con la normativa, expresa la diferenciación privado-publico y la diferenciación de la propiedad privada, y marca cada uno de esos lugares con elementos corrientes que reconocemos como símbolos. El equipamiento no sólo actúa como extensión material de las funciones habitacionales sino que -además- cumple funciones simbólicas y ofrece distinción social a los residentes ya por la sola posibilidad de poder usarlos. (Tella, 2007).

Moretín (Magariños de Moretín, 1996) sitúa a la semiótica como herramienta eficaz para reconstruir la atribución de significado que dio existencia social a un fenómeno. Creemos que en la ciudad existen signos que se vuelven símbolos, íconos e hitos que actúan sobre la subjetividad, que reproducen ideologías, que marcan diferencias y ordenan el territorio. Las marcas simbólicas son parte constitutiva del proceso de construcción de la ciudad. El Estado sostiene el orden en el territorio, el mercado lo diferencia y se ordenan las relaciones de poder y las distancias sociales.

Mecanismos que organizan el territorio

El proceso de construcción de la ciudad es parte del proceso de reproducción de la vida de los actores en un lugar preciso, donde estos crean y articulan la sociedad, la economía, la política y la cultura en un contexto del que la ciudad es parte. (Lombardo, 2003). Estos actores se relacionan y diferencian en las prácticas que realizan en cada uno de los campos en que accionan. En tales prácticas, los actores se diferencian por el capital social, económico, cultural y simbólico en juego.

Las relaciones se van institucionalizando a través del modo de regulación de la sociedad y derivan en códigos, reglamentos y leyes que regulan las relaciones entre actores. Asimismo, sirven de base a la espacialización de las actividades conexas en el territorio por la intermediación de actores y la constitución de mecanismos. Tal espacialización implica la articulación entre orden social y territorio, y se realiza sobre la subdivisión previa del suelo, con la retícula como modo predominante de desarrollo de la ciudad.

Para Lombardo (Lombardo, 2007), la espacialización se realiza en el marco de una discusión que se establece entre el discurso hegemónico (el de la reproducción dentro del contexto de la reproducción del capital) y la de grupos dinámicos que intentan modificarlo al participar de relaciones de reproducción distintas a las hegemónicas. Con lo cual, la estructuración del espacio urbano se desarrolla a partir de tres mecanismos entre actores:

- la calificación, donde el Estado dota al territorio de servicios e infraestructura.

- la diferenciación, por la calificación se diferencian distintas áreas entre sí.

- la valorización en el mercado, por dotación de servicios y equipamientos.

De este modo estamos planteando la presencia de un cuarto mecanismo que interviene en la organización del territorio, en la distribución de los actores y de los edificios así como del tiempo social de estos actores en el espacio. Aparece entonces un orden que permite optimizar la reproducción, manteniendo las diferencias entre actores. En este contexto la construcción del espacio es también simbólica, definiendo zonas de distinta calificación y precio que son ocupadas por sectores sociales distintos, que se señalan con objetos simbólicos que las demarcan y que permiten identificarlas de otras.

Estas marcas simbólicas en el territorio comenzarían con la división en zonas de un municipio (plano de zonificación), el tipo de trazado urbano (trama o retícula), la infraestructura y el equipamiento disponibles en la zona (plazas, lagunas, parques, etc.), la vegetación dominante, el cuidado y el mantenimiento urbano, la accesibilidad, el precio del suelo, etc., como elementos que permitan indicar el "status urbano" de una zona, que se complementa con el tipo de construcciones al interior de cada parcela.

En este sentido entendemos que el orden no es expresión de algo metafísico sino de una red de actores interrelacionados y de una constelación de signos que marcan territorios y sostienen simbólicamente la reproducción establecida. En la dirección señalada, el trabajo de Thompson (Thompson, 1991) refuerza la idea de símbolos inmersos en contextos sociales estructurados. La diferenciación del territorio se vuelve también simbólica en el discurso social, que se expresa en el territorio ordenado y se instala como un nuevo mecanismo que interviene en la construcción de la ciudad.

Las diferencias que signan el espacio público

Las marcas simbólicas aparecen no solo en las obras de arquitectura sino también en la organización del territorio. El tipo de construcción expresa el mayor contraste social y económico en un barrio o entre barrios. A los efectos de observar el fenómeno de la demarcación simbólica se definió un área de estudio en la localidad de "Rincón de Milberg", del municipio de Tigre, en el norte de la región metropolitana de Buenos Aires, sobre un sector polarizado, situado bajo cota de inundación. Tal área está comprendida por las calles Santa María, Liniers, Pista Nacional de Remo (Canal Aliviador), Tuyutí, General Güemes y Ricardo Castiglioni.

El relevamiento se realizó en dos escalas: una, observando áreas diferenciadas, otra a nivel de manzana, individualizando casos. A partir de las tipologías edilicias, la calidad de las viviendas, la diferenciación entre la propiedad privada, la calidad del espacio público (tipo de equipamiento) y privado (tipo de vivienda y diferencias entre materiales de construcción), la infraestructura del barrio y la organización de los elementos urbanos en el espacio, se logró desarrollar una serie cartográfica en la que se expresa lo que denominamos "marcas simbólicas".

Se realizó una observación puntual de manzanas en distintas zonas y un sector de uno de los barrios cerrados del lugar. En función de estas características, se determinaron 16 subzonas en el área estudiada. Comparando áreas de precios con características predominantemente similares del espacio público, se obtuvieron cuatro grandes zonas con características similares respecto a los rasgos combinados.

Del relevamiento surgen las primeras diferencias en el espacio público: en el equipamiento urbano, en el tipo de acera y calzada, en el tipo de materiales de fachada, en altura y estado de la edificación, en el uso dominante del suelo (residencial, comercial, etc.). Estas diferencias fueron confirmadas en entrevistas realizadas a desarrolladores inmobiliarios con conocimiento en la zona y a partir de allí se elaboraron mapas temáticos con las variaciones de los precios del suelo.

En la cuestión estudiada, un actor de importancia es el Estado municipal, quién: a) realiza la primera gran división de las distintas zonas (zonificación) que luego son subdivididas en lotes, y b) promulga la normativa que regula los usos y funciones del suelo. Al respecto hemos agregado a la información relevada el mapa de zonificación del partido o subdivisión de las distintas zonas en usos, así como la normativa relacionada con las distintas funciones urbanas y su orden y equipamiento.

El perfil de la zona fue modificándose a partir de 1991. Con la implementación de un modelo de apertura económica y expansión de los sectores de servicios y financieros, el nuevo modo de desarrollo urbano social, de emprendimientos urbanos y asentamientos precarios en tierras fiscales vacantes generaron una zona polarizada (social, económica y ambientalmente) y una mejora en la situación de los vecinos en términos de infraestructura vial y de desagües.

El orden de las actividades y del espacio

Después de realizar un relevamiento de áreas homogéneas se detectaron 16 zonas que se definen por agrupación de características -a veces en sectores muy próximos que se diferencian- y que se refieren a la propiedad privada y al espacio público: tipo predominante de vivienda, altura y estado de la edificación, materiales predominantes, atributos de la calle y la vereda, equipamiento del espacio público. Estas características diversas actúan como "marcas" en la zona que las diferencian entre sí y que muestran precios de suelo diversos.

Los actores que intervienen en la construcción del espacio en el área de estudio son: el Estado municipal, los desarrolladores inmobiliarios, los constructores, las organizaciones sociales, los comercializadores de tierra (martilleros públicos y empresas inmobiliarias), los propietarios del suelo y los diferentes vecinos. Cada uno de estos desde su capacidad de acción contribuye a cargar de sentido al espacio urbano en sus distintos puntos generando una diferenciación visible, con elementos reconocidos por todos en el espacio.

El Estado cumple la función de ordenar el territorio. Ordena las actividades y el espacio de modo tal que se vea favorecida la reproducción social y económica dominante. Este es el rol del Estado en la conformación de la ciudad. Esto no es simbólico en su origen sino funcional, para permitir un mejor desarrollo de las inversiones privadas. Es así que en Rincón de Milberg encontramos un orden urbano regular, semejante al que se observa en la mayor parte del conurbano bonaerense. Es decir, la trama urbana es una cuadricula, con manzanas regulares parceladas. El dominio de la propiedad es en su mayor parte por parcela y existen además algunos barrios cerrados.

 

Figura 1: "Zonificación Urbana"

Fuente: Municipalidad de Tigre, Digesto Municipal 2007.

 

El Estado desde la normativa regula la propiedad privada (dominio de la parcela), la zonificación (ver Imagen 1: Zonificación Urbana) y el sentido del desarrollo del territorio. Regula entonces desde la calificación mínima del espacio hasta la altura de la edificación y la ocupación de la parcela. Asimismo, decide qué zonas serán destinadas a vivienda y cuáles a comercio, a industria, etc.

 

Figura 2: Precios del Suelo

Fuente: Elaboración Propia. (Tella, Silva, Lombardo 2007).

Esto determina el tipo de infraestructura que deberá proveerse, la densidad y la capacidad edificable del suelo pero no su valor ni su diferenciación simbólica, solo su diferenciación por equipamiento y uso. El valor lo otorgan las relaciones de mercado, que instalan a la propiedad como símbolo de poder económico. (ver Imagen 2: Precios del Suelo).

Sin embargo, el espacio adquiere diferentes cualidades a lo largo del tiempo. Por un lado, una zona comercial más consolidada, con construcciones en altura, veredas consolidadas, servicios varios y calles de concreto con cordón de hormigón. También se detecta un sector recientemente desarrollado, con tierras bajas ocupadas; otro similar con un mayor nivel de consolidación edilicia y de dotación de infraestructura urbana. Un barrio cerrado se eleva por encima de la cota de inundación para evitar que la crecida del río inunde las casas. Y, por último, un barrio periférico muestra un espacio público de menor calidad, producto de su reciente consolidación.

Aparecen manchas de homogeneidad y diferencias en áreas muy próximas, incluso dentro de los grupos de viviendas de similares características. En este sentido, los precios del suelo confirman la presencia de zonas con características urbanas similares. Los sectores que acceden a los diversos precios del suelo tienden a concentrarse en zonas micro-homogéneas. Desde la lógica del mercado, el territorio se ordena en 5 rangos de valores, que son categorías de precios posibles por metro cuadrado.

La agrupación combinada de estas características que nos da el mapa de precios, el mapa de marcas territoriales, y el mapa de zonificación da por resultado una agrupación en cuatro zonas generales de características similares. (ver Imagen 3: Áreas Homogéneas). Que son similares no solo por lo que reflejan, sino también porque la normativa, el precio del suelo y las características del espacio publico y privado. Al superponemos los tres mapas las zonas residenciales o de clubes de campo son mas caras y la zona comercial se diferencia del resto, la mayor calidad de espacio público va aparejado al mayor precio del suelo y la mayor calidad de vivienda.

Figura 3: "Áreas Homogéneas"

La fuente es: Elaboración Propia (Tella, Silva, Lombardo 2007).

Podríamos superponer mapas con servicios, infraestructura, áreas consideradas de riesgo de las entrevistas, y todas coinciden en la distribución no arbitraria del espacio urbano (tanto en términos de actividades como de población, inversión, etc.). La superposición de una sobre otra configura las características que hacen que cada lugar sea único pero lógicamente ordenado y diferente del resto.

Al interior de estas cuatro zonas homogéneas se observan diferencias en el espacio público y en las fachadas de los edificios, que van conformando pequeñas subzonas con características similares. Con lo cual, aparece una diferenciación general y micro diferencias al interior de cada sector. Los constructores -junto a los propietarios del suelo y las relaciones de mercado- han desarrollado gran parte de la ciudad que hoy conocemos, diferenciando precios por zona y cercanía a grandes centros. El espacio se diferencia desde el mercado no solo por su equipamiento sino también por su cercanía a los lugares centrales.

Las marcas que expresan diferencias en el territorio, que poseen características simbólicas que hablan de mayor o menor calificación urbana, social, económica, y que articulan distintos objetos, tipologías y factores: tipo de vivienda (casa, rancho, etc.); altura de la edificación y estado de conservación de la edificación; material de construcción predominante; características de la calle y la vereda; y calidad del espacio público (equipamiento y provisión de servicios). Esta diferenciación es enmarcada por la normativa que regula el espacio público y el privado.

En el espacio urbano encontramos un doble discurso o dialógica. El del "orden" -dado por el Estado- y el de la "diferenciación" -a partir de la implementación de diferenciación del espacio construido, en base a los precios según calidad urbana-. La diferenciación simbólica se muestra con elementos de status, de poder, de nivel socioeconómico, de exclusividad, de diferencias graduales. En la ciudad aparece un discurso diferenciador que expresa la lógica sobre la que se reproduce el sistema complejo en que nos desarrollamos, sin que notemos esas diferencias como anormales, ya que es parte de nuestra cultura.

Aceptamos tal diferenciación sin cuestionarla. La ciudad nos "habla" de propiedad privada y de diferencias entre sectores, y nos expresa poder, diferenciación y orden: la calle para los automóviles, la vereda para el peatón, la circulación como permiso dado por el orden, instituido y estructurado. Dado que hablamos de construcción del espacio y de uno de sus mecanismos (la demarcación simbólica), ¿cómo entonces es que interviene la organización simbólica del territorio en el discurso social?

El espacio urbano como discurso y símbolo

Para Anthony Giddens (Giddens, 1982), los actores sociales son capaces de conocer el medio social que constituyen en -y a través de- la acción, con su conciencia práctica y discursiva. Los actores recurren a stocks de conocimiento que son requeridos en la misma producción y reproducción de su acción. Es un stock histórico y cultural que da cuenta de su capacidad de acción. Apelan a su conciencia histórica para desarrollar el espacio del modo más racional. Apelan a las condiciones sociales de reproducción -con condiciones tecnológicas propias- para implementar una intervención.

Una vez concretado, el espacio realizado pasa de ser un producto del crecimiento de la ciudad, a ser un espacio determinante de la relación social. Reproduce la lógica imperante y expresa cuestiones ideológicas inherentes a las relaciones sociales. La ciudad -como acto presente y futuro- determina y es determinada por las relaciones sociales de reproducción de la vida.

Los actores sociales no se sienten obligados a realizar ciertos recorridos, a producir sus viviendas de cierto modo, en sintonía con su momento histórico y económico, o comprar en determinados lugares sin detenerse a evaluar el por qué de su acción: ¿cómo identifican a simple vista una plaza de un descampado, un edificio público de uno privado, una zona comercial de una residencial, o el nivel socioeconómico de las diferentes zonas? Ellos solo internalizan la estructura urbana y la reproducen como la perciben según su lugar en los campos sociales a los que pertenecen. (Bourdieu, 1997).

La ciudad actúa en la percepción de las personas como discurso constante e inconsciente. Para entender este discurso es necesario abordar el tema de las creencias ya que este aspecto es central al tratar el tema de "lo simbólico" y sus significados. Para Dallera (Dallera, 1993), el universo de creencias abarca un conjunto de subclases de efectos de sentido. Y ese universo de creencias llena el tiempo de todos durante la mayor parte de nuestros días. Tales creencias están en el medio de una situación comunicacional. La creencia en tanto efecto de sentido es uno de los polos en los procesos de comunicación.

En determinadas instancias de producción de sentido, se sitúa en el lugar del emisor un sujeto argumentador y, en el lugar del receptor, un potencial sujeto creyente. El sujeto receptor percibe diferencias en el espacio urbano, las incorpora a su aparato cognoscitivo como múltiples signos que expresan múltiples significados, normaliza el significado e incorpora a su cultura la forma "ciudad" como si fuese el único modo de desarrollo de la vida en el espacio socialmente conocido. Algunos signos se vuelven símbolos de lo deseable, otros de lo no deseable. El mercado les asigna valor económico y los diferencia por precio. El Estado da el marco para la realización de la actividad mediante un cierto "orden". La multiplicidad de signos genera un discurso social encubierto.

En Rincón de Milberg ofrece marcas a pequeña escala, en un área no mayor a los 16 km2, con múltiples signos, símbolos y discursos que expresan las diferencias de nivel adquisitivo, capacidad de gestión, actividad, inversión, etc. Se pasa en pocas cuadras de viviendas de clase media a ranchos, en un degrade paulatino. Los quiebres fuertes en el orden simbólico de la ciudad solo se observan cuando aparece un barrio cerrado o se pasa de zona residencial a la comercial. Se observan áreas homogéneas con diferencias en la calidad de la edificación y del espacio público urbano. A mayor cercanía al área comercial y a las avenidas (transportes públicos, conectividad y servicios) mejor resulta la calidad de vivienda. Cuando mayor es la distancia, hasta las veredas pierden estructura y calidad.

El aspecto simbólico de la ciudad reproduce una lógica de poder y de distancias económicas. Reproduce una forma de la cultura socialmente aceptada. Sintetizando, la diferenciación simbólica la hacemos entre todos, es histórica y profundamente social, cultural y recreada. Aparece como un mecanismo más del desarrollo de la ciudad, generando una diferenciación a distintas escalas. Genera valorización y cumple una función como ordenadora del espacio. La concentración de símbolos genera un discurso -si bien percibido- no explicito.

Interpretación del fenómeno simbólico urbano

Lo simbólico en la ciudad actúa como discurso social, comunicando formas culturales, asegurando una continuidad replicable basada en la reproducción del capital, que busca una mayor velocidad de circulación. En una instancia de cohesión social, como un mecanismo institucionalizado para la difusión de valores y creencias colectivas, la ciudad impone dominación en un discurso que es percibido por todos. La comunicación masiva que produce la ciudad es un medio de reproducción de ideologías, es un mecanismo que al tiempo que difunde valores y creencias colectivas mantiene las relaciones sociales existentes.

Recuperando a Thompson (1991), cabe señalar que los mensajes de la comunicación masiva generalmente se convierten en mercancías mediante la producción y la difusión institucionalizada de bienes simbólicos. Los mejor posicionados dentro de cada campo de acción mantienen su status sobre la base simbólica de aquellas cosas que culturalmente significan posición social, económica, cultura, etc. La aceptación de la distribución en el espacio según poder adquisitivo implica una visión hegemónica de la realidad en su conjunto, que es la lógica del orden y la diferenciación.

Eliseo Verón utiliza el término de "discurso" "…tiene la ventaja de poder ser asociado más fácilmente a la noción de un sujeto productor que el término "texto"; un discurso es siempre un mensaje situado, producido por alguien y dirigido a alguien" (Verón, 1993:24). El interrogante que se abre entonces es: ¿qué refleja esta simbología social urbana y, yendo más allá, qué es lo que comunica? ¿Contribuye a una sociedad justa e igualitaria o marca diferencias, genera guetos o violencia y dominación?

La comunicación masiva, como es la trasmitida por el simbolismo de la ciudad y lo que esta representa, es tratada por los teóricos sociales como una instancia de cohesión social, como un mecanismo institucionalizado para la difusión de valores y creencias colectivas. El discurso simbólico de la ciudad expresa -más que belleza y orden- aceptación y resignación. Asimismo, Bourdieu (Bourdieu, 2000) señala que el poder simbólico es un poder de construcción de la realidad que tiende a establecer un orden gnoseológico.

El poder simbólico se estructuraría por campo y dimensión (campo económico, cultural, político, social, etc. en su dimensión urbana), que estarían conectados por una secuencia de símbolos entrecruzados y articulados entre sí. En Dallera (Dallera, 1993) encontramos que la noción de signo puede ser utilizada en dos planos: el plano de la expresión, donde el signo puede cumplir su función; y el plano del contenido, donde el signotiene sentido.

Observando el "plano de contenido" (es decir, la ciudad como se ve desde la cultura en la que se ha incorporado al individuo desde su nacimiento), encontramos lo deseable como aquello residencial puro: vivienda de diseño arquitectónico, limitación del espacio público-privado con monumentalidad y diferenciación bien marcada, espacio urbano calificado con espacios peatonales y vehiculares espaciosos, frondosa y añeja vegetación, con cercanía a fuentes naturales de agua y servicios completos (agua, gas, cloaca, tendido eléctrico, seguridad, privacidad), cercanía a lugares centrales, etc.

Con lo cual, en el territorio hoy encontramos todas estas características juntas en los barrios cerrados. Aparece así el "plano de la expresión", donde usar el signo cumple una función económica. Podemos pensar el simbolismo urbano como intencional, propio del plano de la expresión; o como natural, propio del plano del contenido, innato y culturalmente formado.

En el caso específico de Rincón de Milberg encontramos algunas zonas residenciales puras, con sectores comerciales, con servicios completos, con espacio público de calidad, con una normativa que sostiene históricamente lo que hoy se observa, y con un mercado que supo obtener el máximo beneficio de esta ventaja comparativa que ofreció el territorio, que articula normativa con inversión del Estado. Estas zonas se condicen con los que los vecinos llaman lugares "lindos" o "seguros" o al menos "conocidos", vistos o visitados.

Otras zonas que históricamente fueron dejadas liberadas a su suerte por ser inundables, con un valor reducido, con poca inversión por parte del Estado en infraestructura y servicios, que han sido ignoradas por el mercado durante mucho tiempo, hoy están siendo reconvertidas a urbanizaciones privadas, cerradas de alta complejidad y mayor precio, mezclando casas de gran calidad con un barrio histórico de baja calidad urbana y ambiental, generando complejas interacciones y modificando la dinámica simbólica tradicional del barrio.

Las "marcas simbólicas" del territorio

La reproducción de la vida se estructura en el territorio a partir de dos elementos que aparecen en la ciudad como marcas. Estos son el orden y la diferenciación, y constituyen las marcas que buscamos en el territorio. Su lectura, desde un contexto de análisis de sistemas complejos, permite comprender la ciudad como parte de la reproducción de la vida en un territorio específico, en un contexto socioeconómico determinado.

El proyecto inicial de este trabajo fue el realizar un análisis exploratorio de uno de los procesos que contribuyen al desarrollo y crecimiento de la ciudad. En este sentido, se focalizó en las "marcas simbólicas" del territorio, que han jugado -y juegan- un rol importante en la distribución de edificios y lugares y crecimiento de las actividades en el territorio, así como en la conformación del espacio urbano. Estas marcas ofrecen un discurso que expresa y contribuye a sustentar las relaciones de poder y reproducción preexistentes.

Analizar este aspecto nos permite ver la ciudad desde tres perspectivas. Una que contempla la dotación de servicios, infraestructura y viviendas, otra que nos devela las la normativa que regula y controla el crecimiento, y una tercera que se refiere al discurso que nos ofrece el territorio. Así podemos pensar la ciudad como un todo complejo que expresa las relaciones de reproducción social que están detrás de su crecimiento y desarrollo.

Se observó la existencia de marcas en la ciudad organizada que señalan el orden y la diferenciación de los actores y las zonas. Son marcas culturalmente incorporadas que se construyen con elementos tales como: pavimentos, detalles en la terminación de las construcciones, uso de materiales diferenciales, vegetación por zonas que señalan lugares y viviendas y precisan el orden en el territorio que identifican la presencia de sectores más destacados en ese lugar.

Esas diferencias se explicitan en el precio del suelo. La ciudad -tal como la conocemos- encierra aspectos referidos a la calidad de habitación, a la posición que se ocupa en la sociedad y a la calidad de vida, que difieren según la calificación cultural que se le dé a estos aspectos. Se da mediante un proceso semiótico, donde la interpretación la efectúa el intérprete de un objeto (ciudad y sus características) a través de un medio (medio urbano visual) dentro de un contexto sociocultural dado.

Entendemos que el discurso parte de aspectos significantes que posee la ciudad, signos que al significar se convierten en símbolos que encauzan el comportamiento de los individuos que habitan la ciudad. El aspecto simbólico de la ciudad lo observamos en múltiples hechos, desde la simbología básica (tales como: carteles de señalización, semáforos, diferenciación entre espacio peatonal y vehicular, diferenciación público privado, etc.) hasta los edificios, monumentos, tipología edilicia y otros aspectos que expresan la lógica sobre la que fueron desarrollados.

Esta expresión simbólica de la ciudad es solo inteligible por los sujetos participantes de una cultura. El espacio urbano se construye, es parte de un proceso. Para quienes nacen en la ciudad, el modo de vida urbano es innato, se incorpora a la cultura urbana. La demarcación simbólica funcionaria como acumulación socio-histórica de estructuras culturales urbanas que se forman condicionando desarrollos presentes y futuros, no solo desde lo estructural en términos de calles (formas y anchos, forma de nombrarlas y numerarlas, sistema georreferencial, etc.), formas o ocupación del suelo (vivienda, comercio, industria, etc.), densidades (departamento en torre, vivienda en planta baja, rancho, quinta, granja, etc.), sino también en lo ideológico, generando nociones y necesidades sociales diferenciales.

La ciudad adquiere una entidad discursiva. Ofrece símbolos, signos, íconos que expresan las relaciones sociales entre actores que los conformaron. La ciudad actúa en la percepción de las personas como discurso constante e inconsciente. Está en el individuo entender o no en estos signos, usarlos y dejarse llevar por este discurso o solo ser determinado.

La ciudad genera un discurso social homogéneo, cultural e igual para todos. El discurso social al que nos enfrentamos día a día nos hace creer, saber y hacer objetos estructurados, que se vuelven estructurantes. La sociedad reproduce aquello que observa como culturalmente aceptado. No se cuestiona el tipo de ciudad ni su tecnología, ni su distribución, uso y utilidad. Solo se acepta la lógica del mercado que se impone. La forma cultural que adquiere la simbología urbana asegura una continuidad replicable al infinito de las relaciones de poder tal como están planteadas.

Finalmente, desde esta perspectiva se contribuye a pensar una metodología sobre cómo la cuestión simbólica contribuye a repensar un territorio. El aspecto de la ciudad, la normativa urbanística así como el espacio público y el privado se articulan y configuran un modelo que se reproduce a sí mismo sobre la base de lo que fue, sobre lo que es y sobre lo que puede ser. El territorio entonces mezcla imaginarios colectivos, con mercado del suelo, con actores y con infraestructuras, generando un espacio cargado de sensaciones, de usos y de cualidades que determinan precios, localizaciones, calidad de vida e inversiones que ponen en evidencia la diferenciación de lugar.

Notas

1Proyecto de Investigación FONCyT (Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica), PIC 2007 Nro. 01601; financiado por la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica-Presidencia de la Nación. Promoción Científica 2007/2009. Tema desarrollado: "Procesos de construcción de la ciudad y su sustentabilidad. Relaciones visibles e invisibles en el caso del Gran Buenos Aires". Director: Juan D. Lombardo. Sede: Instituto del Conurbano; Universidad Nacional de General Sarmiento.

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Referencia bibliográfica

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<http://www.filo.uba.ar/contenidos/investigacion/institutos/geo/geocritica2010/242.htm>